Mientras todo el país festeja el Bicentenario del nacimiento de la Patria, un ícono de Buenos Aires también está de fiesta: el Obelisco, eterno protagonista de las postales, acaba de cumplir 74 años.

Su historia nos cuenta que fue inaugurado el 23 de mayo de 1936, durante la intendencia de Mariano de Vedia, conmemorando la segunda fundación de la ciudad El diseño corrió por cuenta del arquitecto Alberto Presbich, quien buscó resolver de una manera elegante el cruce de las avenidas Corrientes y Nueve de Julio.

La construcción (foto) requirió 680 metros cúbicos de cemento, 1360 metros cuadrados de piedra blanca, costó unos 200 mil pesos moneda nacional y trabajaron 150 obreros en ella. Tiene una estructura hueca, con una sola puerta de entrada y cuatro ventanas, a las que se accede por una escalera de 206 escalones.

La Plaza de la República, ubicada a sus lados y decorada con escudos de todas las provincias, también tiene su significado. El 23 de agosto de 1812, flameó allí por primera vez la bandera nacional, en lo que por entonces era la iglesia de San Nicolás de Bari.

A lo largo de todo este tiempo, se convirtió en un punto de reunión obligado para muchos de los momentos significativos que vivió la sociedad. Allí ocurrieron celebraciones de triunfos deportivos, espectáculos artísticos, protestas y hasta es uno de los extremos del Paseo del Bicentenario.

Como si fuera poco, en ocasiones fue víctima de originales iniciativas. La más llamativa fue vestirlo con un condón gigante, como medida de concientización para el Día Mundial de la Lucha contra el Sida.

Más allá de las curiosidades, lo cierto es que el Obelisco es un emblema, testigo privilegiado de los mejores y peores momentos de parte de nuestra historia como porteños y argentinos. Y obviamente, un punto que no puede faltar en el itinerario de ninguna visita a la ciudad.

Foto: Archivo General de la Nación - Wikimedia Commons