Si la rosa tuviera otro nombre, seguiría oliendo a rosa, y Buenos Aires sigue siendo la misma a pesar de haber pasado por varias denominaciones a lo largo de sus más de 400 años de historia. El nombre de la ciudad se remonta al culto de Nuestra Señora del Buen Aire, (o la Madonna di Bonaria, en italiano), considerada la patrona de los navegantes.

Cuenta la leyenda que en 1370, un barco mercante partió desde Barcelona con destino a Italia, y en el medio del trayecto se vio sorprendido por una tormenta. Los tripulantes comenzaron a deshacerse del cargamento para sobrevivir, y en el preciso momento en que arrojaron una gran caja al agua, el mar y la tormenta se calmaron.

Esa caja fue la única parte del cargamento que no se hundió. Más aún, siguió a la embarcación durante todo el trayecto hasta llegar a Cagliari, en la isla italiana de Cerdeña. Los marineros no pudieron abrirla, y acudieron a unos sacerdotes mercedarios. Ellos trasladaron la caja hasta el convento y la abrieron; adentro encontraron una imagen de Nuestra Señora de la Candelaria con una candela encendida en su mano derecha. La imagen de la virgen fue entronizada en ese convento y rebautizada como Nuestra Señora del Buen Aire.

La leyenda se difundió entre los navegantes, que comenzaron a venerarla y la adoptaron como patrona. Entre ellos estaba el adelantado Pedro de Mendoza, la primera persona en desembarcar en la orilla argentina del Río de la Plata. En 1536, Pedro de Mendoza fundó el Puerto de Nuestra Señora Santa María del Buen Aire.

No se sabe con precisión cómo llamaban a Buenos Aires los querandíes, habitantes originarios de esas tierras. Lo cierto es que no se llevaban bien con los españoles, a quienes asediaron hasta expulsarlos. Un segundo adelantado, Juan de Garay, llegó en 1580 y estableció la Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora del Buen Ayre, emplazamiento que sería el definitivo.

Ese nombre permaneció durante el período de la independencia y las guerras civiles argentinas, aunque por ese entonces comenzó a llamarse informalmente "Buenos Aires". Y como el centro de las actividades de la ciudad era el puerto, a sus habitantes comenzaron a llamarlos "porteños", denominación que permanece hasta hoy.

En 1880, la ciudad fue federalizada, es decir, se convirtió en un territorio administrativo dependiente del gobierno nacional y separado de la provincia de Buenos Aires. Entonces pasó a ser conocida alternativamente como "Capital Federal" o "Ciudad de Buenos Aires".

Con la reforma constitucional de 1994, la ciudad pasó a ser un territorio autónomo, independiente del gobierno nacional, con su propia constitución y jefe de gobierno. Entonces adoptó el nombre de "Ciudad Autónoma de Buenos Aires", aunque muchos la siguen llamando -erroneamente- "Capital Federal", o más informalmente, "Buenos Aires" a secas.

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