Ayer contamos cómo fue la primera y fracasada fundación de Buenos Aires. Hoy vamos a demostrar que no todas las segundas partes son malas, ya que 40 años después del primer intento, de la mano de Juan de Garay se logró un emplazamiento exitoso.

Como narramos ayer, los sobrevivientes de la primera fundación se trasladaron a la actual ciudad paraguaya de Asunción. Allí permanecieron varios años mientras los adelantados (envíados de la corona española) se disputaban el poder de la misión. Hasta que llegaron a Europa las noticias sobre las riquezas de plata que se extraían del Potosí (en la actual Bolivia). La corona española se dio cuenta entonces de que necesitaba contar con un puerto de cabecera en el Océano Atlántico que comunicara a Paraguay con la metrópoli.

Fue entonces que Juan de Garay quedó designado como el nuevo adelantado en estas tierras y comenzó a recorrer el Río Paraná para detectar los territorios más propicios para fundar nuevas ciudades (como Santa Fe, erigida en 1573). Finalmente, en enero de 1580 partió con una misión de 200 hombres criollos de Asunción con el objetivo de establecer un emplazamiento definitivo en Buenos Aires.

Con mejor planificación que Pedro de Mendoza, Juan de Garay llevó todo lo necesario para contruir una ciudad a bordo de una carabela, la llamada Cristóbal Colón. A fines de mayo, el explorador llegó a la boca del Riachuelo, y desembarcó en el mismo lugar donde, cuatro décadas atrás, su antecesor había levantado el fuerte. De la ciudad fundada por Pedro de Mendoza ya no quedaban ni las ruinas.

Tras levantar algunos de los primeros edificios, el 11 de junio de 1580 Juan de Garay celebró la segunda fundación de la ciudad, a la que dio el nombre de Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora del Buen Ayre. En el acta de fundación quedaron asentados el nombramiento de los alcaldes Rodrigo Ortiz de Zárate y Gonzalo Martel de Guzmán y la formación del primer Cabildo.

En un principio, Buenos Aires tenía sus límites en las actuales calles Viamonte al norte, Independencia al sur y Salta-Libertad al oeste. La estructura era similar a la de todas las ciudades fundadas por los españoles en América: una plaza principal (la actual Plaza de Mayo), alrededor de la cual se ubicaban el Cabildo (que en ese entonces funcionaba como centro político de la ciudad), el fuerte (el actual edificio de la Casa Rosada), y la iglesia Mayor (la actual Catedral porteña).

El resto de la ciudad quedó conformada por unas 144 manzanas de forma cuadrada con 120 metros de cada lado, separadas por calles de 10 metros de ancho, dispuestas en forma de "damero", es decir, cuadriculadas. Al notar la fuerza con la que por esta región sopla el viento del sudeste (la llamada Sudestada), Juan de Garay hizo que esas primeras manzanas se construyeran en esa misma dirección, para que los edificios bloquearan el viento.

El adelantado, más previsor que su antecesor, logró hacer subsistir la ciudad, a pesar de los pocos y endebles materiales disponibles para la construcción, que obligaron a reconstruir varios hogares en los primeros años. Se estableció una agricultura de subsistencia que, junto a la ganadería, permitió alimentar a los habitantes. Además, Juan de Garay y sus sucesores tuvieron mejor suerte a la hora de soportar los ataques de los nativos querandíes.

Buenos Aires se transformó en capital de la gobernación homónima que dependía del Virreynato del Perú. Pero por muchos años permaneció aislada de los centros de poder, y su importancia quedó relegada frente a otras ciudades del continente. Sin embargo, ya habían quedado sentadas las bases de la que sería la metrópolis más grande del país. Y el resto es historia.

Foto: Universidad Nacional de Rosario