Bio: Restaurante orgánico

Hace años no era fácil conseguir un restaurante vegetariano en Buenos Aires y, aunque yo no lo sea, siempre hubo alguien en el grupo de amigos que insistía en conocer este tipo de cocina. Uno de los primeros con los que tuve contacto fue Bio (Humboldt 2199), que se autoproclama como un restaurante orgánico y, por ende, vegetariano.

Ambientación

El lugar es chico, debe tener espacio para unos 18 cubiertos. Lograron darle un toque muy acogedor con pocos elementos. Hay una pequeña barra donde está la caja registradora y un mostrador que da acceso a la cocina. Me pareció entretenido poder ver cómo se cocina (algo bastante común hoy en día, pero que no se encuentra en todos los lugares.) Las mesas son simples, para definir al lugar con una sola palabra podríamos decir que es minimalista.

La música que estaban pasando estaba baja, por lo que permitía charlar sin problemas. En el rato que estuvimos se trató de música brasilera, Vanessa Da Mata, que de alguna manera le daba un buen toque al lugar. Creo que la música es un condimento más que importante en cualquier lugar ya que si estamos solos o en un momento de silencio, será lo único que ocupe nuestra cabeza además de los sabores.

La Atención

Llegamos al lugar un miércoles bien temprano, por lo que éramos casi los únicos cenando (aunque siempre habrá un grupo de extranjeros que llegó antes que nosotros, por mucho que nos esforcemos.) Por lo que vi era una sola moza que atendía las mesas y una mujer que llevaba las cuentas en la caja. Quizás si hay mucha demanda serán las dos quienes trabajen. La moza habla inglés lo suficientemente bien como para explicar los platos y tomar el pedido en ese idioma si hace falta.

El trato fue cordial y veloz. Casi no tuvimos que esperar la comida, a pesar de que, imagino, la cocina debería estar recién abriendo. No se en una noche normal, con el lugar lleno si será así o si la demorá será considerable.

La Comida

Teniendo en cuenta que estamos en un restaurante vegetariano y orgánico la carta será un poco acotada. Los platos que pudimos probar fueron el Tofu a la mostaza bio con vegetales especiados y timbal de arroz yamaní. La verdad que era muy sabroso; en general la comida vegetariana brilla por sabores muy suaves, casi imperceptibles y en este caso no era la excepción, a no ser por la mostaza, que le daba un toque genial en el paladar. El timbal de arroz, en mi opinión, era arroz pasado con forma de bola. Seguramente algún conocedor disentirá conmigo, pero esa fue la impresión que tuve.

El otro plato fue Curry fresco de seitán con verduras y bolitas de arroz motti a la crema de coco. El curry sin dudas fue el que le dio el sabor al plato. Sin ser demasiado picante, tenía un gusto intenso. El arroz a la crema de coco era rico, pero tampoco una barbaridad. El plato no era particularmente abundante y de alguna manera se me hizo un poco repetitivo mientras lo terminaba.

Los Precios

Al ser un restaurante con comida orgánica, es razonable que los precios sean más elevados porque la materia prima que utilizan es más cara. Los platos, en promedio, rondan los $36, lo que no lo hace particularmente económico. Una botella de agua mineral de medio litro está $9 lo que la transforma en un asalto a mano armada, pero está bien, tiene que ser acorde al precio que se paga por el plato. Además se cobra un servicio de mesa de $6, que incluía unos pedazos de pan y una pasta de zapallo para untar. Nada del otro mundo. Así que una comida, sin entrada ni postre, tomando agua, ronda los $50.

Conclusiones

Para los vegetarianos, especialmente aquellos que están de paso por la ciudad, es un buen lugar para comer. Según me refirieron varias personas, la comida está bien preparada y es lo que ellos están acostumbrados. Para los no vegetarianos, es una buena experiencia para una vez, pero no más. La comida está bien, no es nada del otro mundo; el precio extra que pagamos por ser orgánico no se traduce en sabores increíbles, pero bueno, eso depende del gusto de cada uno.