Después de semanas de expectativa, marchas a favor y en contra y un debate intenso que duró horas y nos obligó a pensar los fundamentos más básicos de nuestra sociedad, esta mañana amanecimos con la noticia de que Argentina se convierte el primer país en América Latina en permitir el matrimonio --y todo lo que eso implica-- entre personas del mismo sexo. Y en la Ciudad no se habla de otra cosa.

El debate en el Senado duró más de 14 horas, y el resultado final fue a favor del matrimonio homosexual con 33 votos a favor, 27 en contra y 3 abstenciones. El proyecto de ley establece la posibilidad de que las parejas del mismo sexo puedan casarse en igualdad de condiciones con las parejas heterosexuales. Los tipos de argumentos fueron básicamente tres: los que defendían la igualdad de derechos como sustento de la democracia; los que rechazaban abiertamente la ampliación del matrimonio civil y quienes insistían en que plantear la unión civil no implicaba discriminar.

¿Qué significa esta aprobación? De ahora en más, cualquier persona mayor de edad (o emancipada) podrá casarse con otra sin importar su género. Y esto les brindará los mismos derechos y obligaciones a una pareja sin importar si es hétero u homosexual. Y eso incluye la adopción de niños.

Personalmente, me pone feliz que se haya aprobado este proyecto de ley. Esto bajo ningún concepto afecta los derechos u obligaciones que ya teníamos las parejas heterosexuales, sino que los extiende también a quienes eligen tener como compañero a alguien del mismo sexo. Esto es protección por parte de la ley, la inclusión en la obra social, la herencia en caso de que uno muera, y todas las ventajas que trae el hecho de que el Estado reconozca a tu pareja como tal. Y también todas las obligaciones y responsabilidades que eso implica.

Ahora bien, el camino recién empieza. La aprobación legal es un paso inmenso, pero todavía falta mucho por recorrer hasta que los prejuicios y la discriminación se eliminen de nuestra sociedad. Pero Buenos Aires es una gran ciudad para transitar este camino. Siendo una de las ciudades más gay-friendly de América Latina (donde ya se habían celebrado algunas bodas antes de esta ley), está en cada uno de los porteños comenzar a tener una mente más abierta para que la igualdad sea una realidad cada vez más concreta.

Foto: Clarín