Estoy cansado de ver letreros como “todo al costo” (¿pero no tienen fines de lucro?), (hasta) “50% de descuento”, “sale con fritas” (no es chiste, en vidriera de casa de ropa, ¡lo leí hoy!). Por eso me viene bien saber que a partir de una nueva ley sancionada por la Legislatura porteña, se estará regulando todo local comercial con actividades de ese tipo, que en muchos casos sólo buscan que uno ingrese y saque del subconsciente sus ganas de comprar.

En el caso de las liquidaciones por fin de temporada o cierre, la ley señala que “cuando se anuncie o publicite deberá especificarse la fecha de inicio y la de cierre” y se agrega que la promoción no podrá durar más de dos meses. Las ofertas de verano arrancarán el 1° de febrero hasta el 31 de marzo y las de invierno, desde el 1° de agosto al 30 de septiembre. Así se evitarían engaños a los clientes aclarando el período de vigencia de la promoción (que ya no podrá durar más de dos meses).

Entre otras especificaciones, la normativa señala que se deben utilizar palabras en castellano para marcar las rebajas y en caso de usarse los términos “Sale” y “Off” deben ir acompañados por su traducción en el mismo tamaño y con la misma letra. Para los precios remarcados, deberá ponerse el costo anterior; si se agota el producto, la promoción debe terminar de forma inmediata y si el artículo tiene alguna falla debe aclararse claramente cuál es el defecto.

Veremos si dejan de subir los precios a sabiendas que, en definitiva “con descuento” el costo es un poco más bajo. Recordemos que siempre que compramos con un beneficio de este tipo “apenas” estamos recuperando algo del tiempo que nos ganó la inflación. Como la piola mochila que me compré el fin de semana con un 25 % en la rebaja. Resultó ser el mismo precio final que tenía el año pasado. Algo es algo ¿no?

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