Por bastantes años había tenido una deuda pendiente con mi ciudad: visitar el Palacio Barolo (Av. de Mayo 1370). La verdad es que lo había descubierto sólo después de un viaje a Montevideo donde me mostraron el Palacio Salvo y me dijeron que en mi ciudad había un edificio idéntico. En ese entonces era un poco más joven, estaba fascinado por la Divina Commedia, así que imaginen lo que pudo haber sido descubrir todo un edificio, 100 metros de alegorías dantescas.

La historia del edificio es más o menos curiosa: Luis Barolo, un empresario italiano radicado en Argentina decide, en 1918, encargarle la construcción de un edificio de oficinas a otro italiano, Mario Palanti. Según cuenta la leyenda, la idea de Barolo era tener un mausoleo listo para recibir las cenizas de Dante Alighieri, en caso de que estallara nuevamente una guerra en Europa y tuvieran que buscar refugio en el nuevo mundo. Las obras comenzaron en 1919 y finalizaron en 1923, poco tiempo después de la muerte de Barolo; en el momento fue el edificio más alto de la ciudad.

En cuanto a las alegorías dantescas, es claro ver que el edificio está dividido en 3 secciones: el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso. Además posee 100 metros de altura, igual cantidad que cantos en la Divina Commedia. Al entrar, en el pasaje que une Av. de Mayo con Hipólito Yrigoyen, se pueden ver varias inscripciones en latín, que, según el guía, son de Palanti y no de Dante (no pude constatarlo). Los colores del edificio recuerdan los colores italianos y la frutilla del postre es el faro con que se corona el edificio.

Pero veamos la visita guiada en sí. A los argentinos les cobran $25 y a los extranjeros $30. Para ser un lugar privado me pareció un poco ridículo hacer una diferencia, ya que no es algo que se mantenga en pie gracias a nuestros impuestos. El guía que nos recibe es hijo de un abogado que tiene su oficina en el edificio. Fue simpático, pero tenía el libreto demasiado estudiado y no se lo podía sacar de lo que el nos decía porque hacía agua. Se notó que quería terminar rápido la visita y cobrar su dinero, ya que atrás venía otro grupo.

Lo que realmente valió la pena de la visita son las vistas que se tienen de Buenos Aires. Al estar tan cerca del Congreso se tiene una panorámica impecable, al igual de las que se pueden ver del resto de la ciudad. El obelisco apenas sobresale por sobre la linea de edificios de la 9 de Julio, se ve el Río de la Plata en todo su esplendor y, con un poco de suerte, se puede ver hasta Colonia, en Uruguay.

Quedé maravillado por las vistas y, siendo un edificio al que siempre había querido entrar, salí fascinado. Pero, una vez que lo pensé con la cabeza fría, me di cuenta de que no valía la pena pagar tanto dinero por una visita de 45 minutos en la que sólo tenemos vistas de la ciudad. La entrada el lobby es libre, y podemos tomar uno de los ascensores hasta lo más alto que podamos y nadie nos dirá nada. La única vista que nos faltaría es la que se tiene desde el faro, pero con los vidrios sucios como estaban tampoco eran gran cosa.

Creo que sería mucho mejor darse una vuelta por los miradores de Buenos Aires. Si de todas maneras alguien está interesado, para realizar la visita guiada deberán contactarse con el guía (Miqueas Thärigen) a su celular: 15-5027-9035 y verificar los horarios.

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