Hace unas semanas, gracias al comentario de uno de nuestros lectores, nos animamos a comenzar a explorar lugares en nuevos barrios. Así es como decidimos llegar a Boedo Antiguo, una peculiar esquina, en José Mármol y Salcedo. No es el lugar más accesible de Buenos Aires, pero vale la pena el esfuerzo.

Ambientación

La esquina está repleta de plantas, lo que nos dice desde el primer momento que hace mucho tiempo que el lugar está ahí. A pesar de tener una puerta en la esquina, un amable hombre nos indica que debemos entrar por el costado, tocando el timbre. Al entrar nos encontramos con un lugar de luz tenue, con cuadros colgados en todas las paredes. Algunos retratos de personajes famosos, obras mucho más modernas, pero entre todas las cosas se logra crear un ambiente realmente acogedor.

Según nos contó Mirta, la dueña, ella vive en esa casa, en el piso de arriba. El restaurante parece, en cierta medida, una extensión de ella. Al llegar no estaba repleto de gente, pero se notaba que el lugar no era ruidoso. Un micrófono indicaba que alguien iba a cantar, y así fue. Todas las noches hay música en vivo, con diferentes estilos, rompiendo un poco con el cliché de Boedo=Tango (aunque este estilo no está del todo ausente.)

La Comida

La carta es escueta, pero razonable, algo que siempre me pareció positivo: prefiero lugares que ofrezcan poco pero que lo hagan bien a lugares que ofrezcan infinidad de platos y que pocos sean buenos. No hay ninguna fritura y básicamente hay dos tipos de platos: las pastas y las carnes. Dado que es imposible probar absolutamente todo, pedimos unas berenjenas a la parmesana de entrada. Estaban bien preparadas y eran ricas; nos sorprendieron con un pan caliente, parecía recién sacado del horno.

Como plato principal pedimos unos ravioles de zapallo y queso y unos raviolones negros de salmón. Según nos comentaron, toda la pasta es casera, lo que le agrega un toque particular. Los ravioles eran sabrosos y se podían combinar con cualquier salsa. Los raviolones también. Hacía mucho tiempo que no encontraba algún lugar donde ofrecieran pasta con tinta de calamar. A pesar de que no soy un fanático de los pescados (sí, un carma común a muchos porteños), el gusto era muy suave.

Los platos están bien como platos principales, no son demasiado abundantes, así que no se pueden compartir y una entrada es recomendable. En cuanto a la bebida, dado que había ido con el auto, no pude pedir más que una botella de agua, pero la carta de vinos era variada y los precios acordes al de los platos.

La Atención

Cuando llegamos al restaurante no había demasiada gente, así que pudimos sentarnos sin problemas. La moza se mostró servicial y nos atendió rápidamente. La comida no se hizo esperar. La entrada llegó rápido y pocos minutos después de terminarla, ya teníamos los platos servidos en la mesa. Por lo que pude ver en las demás mesas, el servicio fue igual. En nuestro caso la moza siempre estuvo dando vueltas, por lo que resultó realmente fácil llamarla y pedirle lo que necesitábamos, no como en otros lugares, abarrotados, donde la persona que nos atiende decide aparecer cada muerte de obispo. A pesar de que todo fue muy bueno, cometimos un error garrafal: no le dejamos propina. Quizás con este artículo puedo redimir un poco la culpa.

El horario y la gente que frecuenta el lugar

En nuestro caso fuimos un viernes a la noche, a las 22 y no tuvimos problemas para encontrar mesa, a pesar de no tener reservas. Según la dueña, no siempre es tan fácil, así que les recomiendo reservar si piensan ir un fin de semana. Dado que la esquina está lejos de las avenidas, los que frecuentan el lugar son en general clientes habituales, o amigos de amigos, etc. El ambiente es tranquilo, muchas parejas adultas que van a disfrutar de la música y el lugar. Pocas familias, aunque no estaban ausentes.

El precio

Hoy por hoy es difícil saber cuándo algo es caro o barato. Compartiendo una entrada entre dos, con agua, sin vino y sin postre (lamentablemente estábamos llenos como para seguir comiendo) y con los platos que mencioné más arriba, uno debería esperar gastar del orden de $60. A esto hay que sumarle los $7 de derecho de espectáculo.

Conclusiones

9/10

La comida es rica y específica. Hay una parte del menú que varía entre las semanas, pero siempre con el mismo estilo. La ambientación es buena, con música en vivo (algo difícil de encontrar hoy en día) así que es un buen lugar para una n-ésima cita o un aniversario. El precio es acorde tanto al lugar como a la comida. Sin dudas podría ser uno de esos restaurantes de los que me podría hacer habitué, si no me quedara tan lejos de mi casa.

Creo que las críticas de Guía Oleo son realmente infundadas. Había ido con un poco de temor, pero realmente se disipó desde que llegó la entrada. Quizás las críticas resultaron positivas y fue a partir de ahí que surgió el cambio.