Maquinas del infierno, el sonido de motores calentando, olor a neumático quemado, sinuosas promotoras, adrenalina, vértigo: una foto perfecta del escenario que no dentro de mucho tiempo podría ocurrir en Buenos Aires ya que esta semana la legislatura porteña derogó una ordenanza de 1961 que prohibía el montaje de un circuito callejero de competición de Fórmula 1, y abrió de esa manera la posibilidad de que semejante espectáculo ocurra en las mismísimas callecitas porteñas y enriquecer así la ya abundante oferta de espectáculos deportivos de la ciudad.

La iniciativa de derogar esa antigua norma vino de la mano del diputado del PRO Fernando de Andreis, que impulsa de esta manera que la Formula 1 vuelva a la city. Cuando en 1950, bajo la presidencia de Juan Domingo Perón, se construyó el Autódromo Municipal, esta práctica quedó en desuso. Lo llamativo es que el mismo Perón había sido un gran impulsor de las carreras en circuitos callejeros sobre la Costanera con un único objetivo: ayudar al entrenamiento de Juan Manuel Fangio, para que pudiera competir con sus rivales europeos que tenían amplia experiencia en ese tipo de circuitos.

En los 90s hubo tibios intentos de armar un circuito callejero en la zona del Hipódromo de Palermo, pero -de manera muy similar a los que pasa hoy con los recitales en la cancha de River- esto generó airadas protestas de los vecinos del lugar por los ruidos que esto podría ocasionar y la idea quedó en el olvido. Hoy, De Andreis sostiene que una eventual carrera de Fórmula 1 en las calles de Buenos Aires favorecería la participación masiva de la gente y se calcula que unas 180.000 personas podrían formar parte de un evento esta naturaleza. El número no resulta descabellado si se tiene en cuenta el furor que desataron -y me incluyo- largada y la recta final del Rally París-Dakar en el Obelisco a comienzos de este año.

Más allá de la derogación de esta ordenanza, existen al menos tres iniciativas para repatriar a la máxima categoría del automovilismo deportivo a Argentina: una en la provincia de Buenos Aires, otra en San Luis y la última en la Ciudad Autóma. Por lo menos en esta última ya no hay impedimentos legales y sólo sería necesario que un señor empresario con mucho dinero se muestre interesado, haga cálculos y nos “regale” la posibilidad de semejante espectáculo.

Yo no dudaría en ir a colgarme de las vallas para mirar. ¿Y vos?

Foto: lucam