Hace un tiempo escribí sobre la estación de trenes de Retiro, esa de donde salen las rutas hacia el norte. Hoy quiero hablar de otra, el punto de partida hacia el sur: la estación de Constitución.

Bajo del Subte un viernes al final de la tarde en la última parada de la línea C, camino por los pasillos subterráneos buscando una escalera que me saque de ahí, debo encontrarme con un amigo. Me pregunto cómo no se nos ocurrió ser más específicos: "Nos vemos en la estación". ¿Será posible encontrar a alguien entre la multitud que camina apurada, ciega? Es la primera vez que voy al lugar, no me ubico, dudo y noto que allí no hay tiempo ni espacio para eso, no se duda. Todos tienen clarísimo hacia dónde van, todos tienen el tiempo contado, los minutos justos para hacer la fila del boleto y correr o perder el próximo tren. Estorbo. Me quedo fascinada viendo dos niñitas que venden juguetes luminosos junto a una columna sucia, tendrán siete y once años y ya se nota en su cara esa expresión violenta que se dibuja en los chicos de la calle y se clava en mi estómago con crueldad. La gente me esquiva, se abre paso a codazos, sospecho que me detestan fugazmente sólo por estar ahí y no moverme a su ritmo. En la ciudad-pasillo no está permitido detenerse, es una ciudad de espacios de transición donde importa ir de un punto A a un punto B, lo que pasa en el medio es pérdida de tiempo: filas, luchas por oxígeno en espacios rodantes, largas esperas, tiempos muertos.

Logro subir y encuentro un lugar por donde nadie pasa. Observo el edificio, es precioso pero nadie lo ve. La construcción del primero de los edificios donde funcionó la terminal comenzó en 1864, pero la cantidad de gente que utilizaba el ferrocarril era tal que se amplió y remodeló varias veces para cubrir las nuevas necesidades. En 1925 se inauguraron las obras que transformaron el lugar en lo que es hoy.

Constitución es considerada una de las estaciones ferroviarias más grandes del mundo y tiene para la ciudad una importancia similar a la de Retiro (con la cual está comunicada por medio de la línea C del Subte). Como dije al principio, de esta estación salen los trenes que van al sur de la provincia y del país: es el lugar de donde se parte para ir a La Plata, Ezeiza, Quilmes, Claypole, Saladillo, Temperley, entre otros. Pero es, además, un espacio para visitar, observar, permanecer un rato dejando que todos caminen apurados al rededor.

Foto(CC): Beau Lebens