Es un lugar para pasar un momento romántico con nuestra pareja, hacer ejercicio al aire libre o simplemente dar un paseo. En definitiva, el Rosedal es un punto mágico de nuestra Buenos Aires, donde 12 mil rosales nos hacen olvidar por un rato de la vida acelerada de nuestra Capital. No por nada, esta escena tan imponente, acaba de tener un merecido reconocimiento: Patrimonio Cultural de la Ciudad.

¿Qué quiere decir esto? Gracias a la iniciativa de la legisladora porteña Marta Varela, este gran espacio verde porteño está protegido, por lo cual nadie puede modificar el diseño original de Carlos Thays y Benito Carrasco a su antojo. En el proyecto que aprobó ayer la Legislatura, se destaca el "gran valor paisajístico, en el que confluyen la obra de grandes creadores y representa la influencia de importantes escuelas de la jardinería, como la francesa y la española".

Es una visita obligada para todo aquel que recorre el Parque Tres de Febrero, en el barrio de Palermo En los terrenos que alguna vez pertenecieron al gobernador Juan Manuel de Rosas se inauguró en 1914, este espacio verde que tuvo inicialmente 1189 variedades de rosas, lo cual ya nos habla de una importancia histórica y botánica para Buenos Aires.

Pero eso no es todo, sino que también podemos encontrar la pérgola cubierta de rosales trepadores y el puente blanco de arquitectura helénica**, que suelen protagonizar las postales que hacen los turistas que nos visitan. Este sector se habilitó en noviembre de 1914, apenas unos meses después del comienzo de la Primera Guerra Mundial.

Otro punto destacado es el Patio Andaluz, uno de los tantos regalos que recibió nuestra Ciudad de parte del pueblo español, que en este caso llegó del Ayuntamiento de Sevilla en octubre de 1929. En la actualidad, se lo conoce como Jardín de los Poetas, porque hay 26 bustos de personalidades como Jorge Luis Borges, Alfonsina Storni, Antonio Machado y William Shakespeare.

Pero más allá de describirlo, este es un espacio que nos invita a vivirlo y disfrutar su paz y armonía. Queda entre las avenidas Infanta Isabel, Iraola y Pte. Pedro Montt y seguirá ahí por mucho tiempo, porque ahora hay una ley que protege todo su encanto.

Foto: La Razón