Honestamente, hoy en día no hay demasiadas parrillas que me fascinen (el hecho de ser vegetaria puede tener que ver con esto, no lo niego). Sin embargo, mis amigos (que son eternamente carnívoros) a la hora de parrillear, siempre pero siempre, enfilan hacia El 22.

A ver, el establecimiento –tiene varias sucursales, yo siempre voy a la de Jufré 1085, casi esquina Godoy Cruz- es simple, con decoración deportiva en las paredes y mesas muy juntas, en las que casi siempre terminás escuchando más la conversación de al lado.

Un vez que te acomodás y podés superar la ambientación y la falta de lujos, El 22 nunca defrauda en materia gastronómica, sin mencionar que tiene precios súper económicos. Todos, absolutamente todos con los que he asistido y han pedido carne (cualquiera sea el corte) o parrilla salen contentos.

Para mi, que muchas opciones no tengo en un lugar así, sirven las mejores papas fritas del mundo (y miren que como papas fritas por kilo). Crocantes, doraditas, secas y sin rastros de aceites residuales. Simplemente perfectas.

Los postres son un universo aparte. Si vas, no dudes en pedir el flan con crema y dulce de leche. Viene con una cantidad de ambos que no vas a poder entender de ninguna forma. Es formidable.

Así que no podés no acercarte hasta Villa Crespo para darme tu opinión. Abren todos los días, tanto para el almuerzo como para la cena. No hay excusas.

Foto: Guía Óleo