Alguien tendrá que creerme esto. Yo la ví venir. Caminaba por Caseros, el boulevard se abría gentil hasta el Museo Histórico Nacional del Parque Lezama y las fachadas parisinas de los edificios me hicieron pensar que estaba frente a uno de los rincones más bellos de la ciudad. Qué raro que todavía no hayan puesto algo acá, tan cerca de lo más conocido de San Telmo.

Unos meses más tarde me, encontré con esas cuadras transformadas en la España de la Guerra Civil, mientras se filmaban unas escenas del film There be dragons. Estoy segura que quién decidió la locación sintió algo parecido a lo que yo había pensado, un “acá, acá tiene que pasar algo”.

Ese algo vino del lado gastronómico y terminó de acentuar pinceladas que el paisaje ya tenía. Tres locales abrieron sus puertas, manteniéndose un antiguo almacén entre ellos, todos con mesas en las veredas y ambiente de paseo dominical.

Uno de ellos es Hierbabuena, al que todavía no entré. ¿Qué hace un Deli en el límite con Barracas? Todo muy lindo pero, ¿qué tiene qué ver? "Esto es culpa de la nuevayorkización de Palermo y la palermización de San Telmo", pensé. La primera vez que paré fue por la bici que está en la puerta, inglesa, antigua, hipnótica. Ahí miré de reojo hacia adentro, pero no más. Cuando me reconcilie con mis prejuicios les cuento.

Al que sí entré es a Caseros. Es un todo de ventanales, luz y blanco, con toques de color en la decoración con frutas. Un bistró que camina por la línea difícil de no desentonar con el barrio haciendo una propuesta original. Y claro que lo consigue.

Se trata de nueva cocina rioplatense, o porteña según otros. Tiene una carta a base de distintas carnes y pesca del día. Para los inseguros, los curiosos y los simples voyeurs, la cocina está a la vista y los cheffs>/em> también. Los platos son abundantes y el precio hace justicia con lo que se ofrece a cambio.

La pecadora que escribe no teme confesar que se comió un tremendo cordero el Jueves Santo, que bien vale ir al infierno. Y que la provoleta de queso de cabra con berenjenas es imperdible.

El ambiente se completa con vajilla y mesas antiguas, todas diferentes, compradas en las ferias y casas de antigüedades del barrio. El local es reciclado, con aplicaciones de madera patinada, encontrada en La Boca. El sol del boulevard baña las mesas sobre la vereda y entra por los ventanales en el universo blanco de Caseros. Pipones, los comensales se levantan y dan una vueltita por el Parque Lezama. A esa altura, ¿quién puede decirle que no a una siesta sobre un banco?. Queda en avenida Caseros 486 y sus teléfonos son 4307-4729/8917.

Foto: Caseros Restaurante