Hoy, al entrar a mirar qué músicos se presentarán próximamente en Buenos Aires -costumbre masoquista que siempre me entristece un poco, pues es imposible ir a todo- me encontré con mucha alegría en la programación el nombre de un pianista al que admiro profundamente: Chucho Valdés.

Este cubano nació hace casi setenta años en Quivicán, un municipio situado a unos veinte kilómetros de La Habana. Hijo nada más y nada menos que de Bebo Valdés, empezó a tocar el piano a los tres años y en la adolescencia formó su primer grupo. Tiempo después, se hizo conocido sobre todo por Irakere, banda que se fundó en 1973, aunque algunos de sus integrantes venían tocando antes en la Orquesta Cubana de Música Moderna. Con los años, Irakere se consolidó como uno de los puntos de referencia más importantes del jazz y la música cubana, y por él han pasado músicos de la talla de Paquito D' Rivera y Arturo Sandoval.

La discografía de Chuco Valdés es extensa, ha sido más de una vez elegido uno de los mejores pianistas de música popular del mundo, ha ganado premios, ha participado en los festivales de jazz alrededor del mundo donde se dan cita los más grandes. Pero toda esta ovación tiene algo de palabrería, porque lo cierto es que hay que escucharlo y entonces uno se olvida de las medallas y los laureles, de la prensa y de la monstruosa industria musical que vende productos; todo queda diluido en el goce que producen sus manos sobre el piano, cuando sus notas invaden el cuerpo entrando suavemente por los oídos y por la piel, escalofriando.

La presentación en Buenos Aires será el jueves 16 de junio a las 21:30 horas en el Teatro Gran Rex. Las entradas pueden comprarse en Ticketek (donde, por cierto, está mal escrito el apellido), y están entre $90 y $250.

Foto (CC): Daniel Shen