En el corazón del barrio porteño de Villa Crespo se encuentra Malvón. Esta casa reciclada sobre la calle Serrano 789 atiende a locales y turistas y trae a la mesa lo mejor de los sabores norteamericanos y franceses. Conocelo.

La ambientación

Desde su fachada, Malvón aspira a enamorarte. Hay pizarras que llaman la atención y panes en la puerta creados especialmente para tentar al más rígido de los comensales.

El aroma a pastelería constante, la música tranquila y acorde y detalles cuidados transforman una simple experiencia en algo bonito, cálido.

La barra de la entrada te anticipa lo que podés desgutar en este establecimiento. Los detalles caseros y vintage y el patio listo para aprovecharse en primavera se llevan todas las miradas.

La historia

Malvón vino a ocupar un lugar que pocos tímidamente llenan en Villa Crespo. Dentro de la geometría del barrio y sus comercios, sólo algunos son los espacios que ofrecen un ambiente relajado, lindo y con cafetería, pastelería y almuerzos ricos.

Así nació este deli contemporáneo que fusiona lo mejor del horneado de cada día con platos de la cocina Cajun.

La cocina

Fui exclusivamente a merendar. A mi fue lo que más me llamó la atención del lugar aunque siempre tiene la opción de almorzar (quiches, ensaladas y risottos). Sándwiches, aperitivos y una opción de brunch hasta las 16.30 donde podés elegir entre hamburguesas, popover francés, otro noruego, huevos en sus más variadas formas y costillas de cerdo.

Ahora sí, a lo nuestro. Probamos tortas varias, todas riquísimas. La típica pecan pie, suntuosa entre el azúcar, el café y las nueces es digna de ser recomendada. El cinnamon roll (canela, pasas y azúcar rubia) es uno de los mejores que probé, calentito y cremoso.

El budín orange poppy seeds (naranja y semillas de amapola embebido en almíbar de cítricos) es muy correcto, no descolla pero para los que quieren una opción tranquila es ideal. Los scons dulces saben bien pero no se comparan con los salados (con hierbas) que son un vicio.

Y a mi gusto lo mejor del : el cheesecake con base de chocolate y dulce de maracuyá. Al principio desconfié por la popularidad que esta fruta tiene en la gastornomía local pero los sabores estaban intactos. Sobre una base de chocolate negro se alza una franja esponjosa de queso y chocolate blanco que finaliza con un almíbar de maracuyá y sus semillas.

Los tés son de Tealosophy, eso siempre es un punto a favor y la panadería es muy muy rica. A la salida compré una ciabatta que me llevé a casa y, horno de por medio, parecía recién hecha. Exquisita.

La atención

Muchas veces se ven sobrepasados por la cantidad de gente que reciben por lo que podés llegar a esperar un rato a que te atiendan. No es ni para quejarse pero no es esmerada.

Los mozos, por lo menos la que me atendió a mi, se limitó a traer a la mesa lo pedido. Atención limpia sin demasiados aditivos. No esperen recomendaciones, explicaciones ni mimos.

Lo mejor

La pastelería. Rica, sin aspiraciones locas ni decoraciones exageradas. El esfuerzo puesto donde debe estar: en el sabor. Más allá del gusto personal de cada uno, cada torta, scon, masita o pan está realizado como se debe.

Lo peor

Nada fue malo en mi paso por Malvón. Aún quedan tuercas por ajustar como los horarios en los que se sirve tal o cual tipo de comida o el cierre, a las 20.

Esto radica en lo poco acostumbrados que estamos a los esquemas gastronómicos norteamericanos o europeos. Cuando es hora de cena, nosotros merendamos. Cuando Malvón cierra, nosotros nos queremos quedar a cenar.

Es un gran agregado al mapa gastronómico de la zona y no dudaré en volver a probar lo que tiene para ofrecer en el almuerzo. La merienda se destaca por muy buenos productos a precios razonables.

Vos tampoco lo pienses: de lunes a domingo de 9 a 20 siempre tiene sus puertas abiertas. Aceptan tarjetas de débito y crédito.