Aunque a los países hispanohablantes nos unen algunos rasgos culturales y -sobre todo- el idioma, el español varía bastante de un lugar a otro. Tanto sonoramente como en el uso de palabras y modismos o en la forma en que se conjugan los verbos, hay grandes diferencias. Algunos acentos o tonadas son inconfundibles, otros son difíciles de reconocer y somos incapaces de ubicar exactamente su procedencia.

La verdad es que todavía -después de vivir acá algún tiempo- algunas veces no entiendo ni una palabra cuando escucho a dos argentinos hablar. Entonces aguzo el oído y me concentro para descubrir si efectivamente están hablando español y debería entender o si mi dificultad es excusada por tratarse de un idioma desconocido.

Gran parte de las particularidades lingüísticas argentinas viene del lunfardo, esa jerga que se gestó en Buenos Aires entre los últimos años del siglo XIX y las primeras décadas del XX, generada por el encuentro del español criollo con las lenguas propias de los inmigrantes europeos, muchos de ellos italianos. Aunque en un principio el lunfardo era propio de los grupos más marginales de la sociedad porteña, poco a poco se fue extendiendo hasta llegar más allá de las fronteras argentinas. Las letras del tango, que salió del mismo lugar, están llenas de palabras lunfardas que, por medio de la música, llegaron a un público amplio y se volvieron habituales.

Por ejemplo, un párrafo en argentino podría sonar así:

Estaba el tira bebiéndose un tintacho ahí, medio mamado, cuando pasó el tachero, que era de buena labia y laburador y se había hecho sus mangos esa noche. En la esquina una minita piola llevaba de la mano a un pibe petiso; del otro lado tres faloperos armaban un kilombo bárbaro porque algo que habían afanado no funcaba. El tachero contó la guita y, avivado, se alejó del tira, que para entonces ya estaba en pedo.

Para los que estén perdidos, algunas pistas: tira es policía, tintacho es vino, mamado y en pedo, borracho; tachero es taxista; los mangos y la guita son los pesos; mina es mujer y pibe, niño; petiso, de baja estatura; afanar es robar y funcar, funcionar...

Foto (CC): Gustavo Brazzalle