Nunca he estado en París pero en mi cabeza he armado su mapa con retazos de Robert Doisneau, Bertolucci, mil y una imágenes de la Torre Eiffel, Édith Piaf y algunas clases de francés.

Doisneau y París son simplemente inseparables... La pareja dándose un beso en el Hotel de Ville, los perros de La Chapelle, chicos jugando en las calles y tantas otras escenas clásicas fijadas en el bromuro de plata tampoco pueden borrarse de la memoria. Sus fotografías -aunque son retratos de situaciones elegidas y anecdóticas- nos llevan a reconstruir e imaginar la vida parisina del siglo pasado.

Este francés nació en 1912 en Gentilly, cerca de París y es, sin duda, uno de los fotógrafos más conocidos del siglo XX. A su lado se sitúan inevitablemente nombres (hombres) como Henri Cartier-Bresson, Robert Mapplethorpe, Man Ray o Robert Capa, iconos de un arte joven. Doisneau empezó a tomar fotos hacia los diez y seis años; trabajó un poco como fotógrafo de publicidad pero su reconocimiento es el resultado de haberle dado a París -de algún modo- la cara que hoy tiene: la ville d'amour, ciudad poema.

Desde el 13 de mayo se está presentando en la sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta (Junín 1930) una muestra de 137 fotografías originales de Robert Doisneau, como parte del programa TANDEM París-Buenos Aires. La exposición fue bautizada Simplemente Doisneau y, por supuesto, está compuesta por imágenes de París, de la guerra y la posguerra, de sus habitantes -chicos y grandes- que a diario recorrían y vivían el centro y los suburbios de la capital francesa. Estará abierta al público hasta el domingo 26 de junio.

Foto: Robert Doisneau