En la oleada de shows internacionales que cayeron en Buenos Aires como efecto rebote del Lollapalooza chileno el mes pasado, se destacaron los Flaming Lips con su catarata sensorial de emociones multicolores.

Su frontman, Wayne Coyne, el muchacho de la burbuja gigante de plástico, recorrió la ciudad y, como otras experiencias de su vida diaria, tuiteó al respecto. La revista Rolling Stone, en su crónica del show, agregó también algo de este registro en 140 caracteres de su paso por la ciudad.

Seleccionamos algunos de esos tweets, un diario de viaje efímero, breve y público, como excusa para repasar esos lugares de Buenos Aires que se vuelven lisérgicos y extraños en los ojos de un viajero.

Puente psicodélico cool

Se trata del cruce de Figueroa Alcorta y Pueyrredón, intervenido por dos artistas suizos. Si con estos colores parece psicodélico debajo, esperen a la puesta del sol y miren pasar los autos desde arriba. El tránsito urbano se transforma en líneas de luz que cruzan nuestros pies como peces en un coral.

¡Gigantesca Flor Metálica!

Por supuesto, la Floralis Genérica que puede verse en la Plaza de las Naciones Unidas, al lado de la Facultad de Derecho, sobre la Avenida Figueroa Alcorta. La creación del arquitecto Eduardo Catalano ya es un inevitable. Ver la ciudad reflejada en su petálos curvos, ver la flor reflejada en el agua, marearse de reflejos hasta florecer.

¡Tomando Cafe en el Tortoni!

"¡Ha estado aquí en Buenos Aires desde 1858!" dice Wayne, y tiene razón. Es uno de los más notables de los cafés notables (sí, sí, lo repetimos a propósito). Con su cartel parisino art nouveau y vitrales únicos en los techos, es un emblema de la Avenida de Mayo y del tango local. Dicen que Gardel tenía su propia mesa.

Street art copado en Buenos Aires

Lo advertimos, si son de caminar con la cabeza gacha se están perdiendo una expresión clave de la ciudad. Si son de los que ven arte sólo en los museos, también. Las paredes de la ciudad están tan vivas que sorprenden.

Cae un sol psicodélico en Buenos Aires

Y, finalmente, se despacha con una foto de esas que nos gusta que nos manden a Postales Porteñas. Un atardecer, un ocaso, una puesta de sol. Algo que pasa todos los días, que no puede dejar de pasar, que a veces decidimos ni mirar, pero que si nos ponemos los ojos del viajero, los que ven lo extraño, se puede volver psicodélico.

De yapa, no tiene nada que ver con nada, miren qué buen regalo le hizo Liniers.

Foto:L/B