Puede ser un suplicio para quienes viajan en hora pico, o un atajo para los que transitan por ella durante el resto del día. Pero para todos, la avenida General Paz es uno de los límites entre la Capital Federal y la Provincia de Buenos Aires. Y hoy, está cumpliendo 70 años desde su inauguración oficial.

Su historia empezó el 21 de septiembre de 1880, cuando el Congreso sancionó la Ley de Federalización, que estableció una división entre la Ciudad de Buenos Aires y la Provincia de Buenos Aires. En ese momento, se refería únicamente al aspecto geográfico, pero siete años después otra ley obligó a construir un camino de 100 metros de ancho justo en ese límite.

La expropiación de los terrenos llevó varias décadas, hasta que el 8 de junio de 1937 se empezó a construir una avenida-parque, por iniciativa del ingeniero Pascual Palazzo. Cuando se la inauguró el 5 de julio de 1941, tenía dos carriles centrales y calles laterales para los vecinos de los barrios cercanos a la avenida.

Entre la apertura del Puente de la Noria para cruzar el Riachuelo, el aumento de la población del Gran Buenos Aires y la construcción del Acceso Norte en la década del '60, la avenida fue quedando cada vez más chica. Por eso, durante varias remodelaciones, se aumentó la cantidad de carriles, al mismo tiempo que se eliminaron rotondas y cruces a nivel.

La modificación más grande se terminó en el año 2001, sumando más carriles para llegar hasta seis centrales y dos calles colectoras de dos carriles. Al mismo tiempo, se instalaron banquinas, lomas de burro en las colectoras y nuevos sistemas de iluminación.

Así, aparte de ser uno de los límites porteños junto con el Río de la Plata y el Riachuelo, se convirtió en una avenida rápida (no autopista) con velocidades máximas de 80 o 100 kilómetros por hora, según el tramo. Además, como toda la avenida (excepto la colectora de Provincia) pertenece a la Ciudad de Buenos Aires, sus 24,3 kilómetros la convierten en la más larga de la Capital. A menos, claro, que contemos la continuación de Rivadavia en el Gran Buenos Aires.

Fotos: Clarín | (CC) Darío Alpern