Hace casi un año, el Gobierno porteño empezó a ejecutar un plan para dar más prioridad a los peatones en la calle Suipacha, desalentando al mismo tiempo el uso de automóviles en el caótico centro. Finalmente, se completaron todas las etapas que estaban previstas, por lo cual ya podemos circular a pie entre Rivadavia y Santa Fe.

Como ocurrió en los distintos tramos que se fueron inaugurando, las veredas quedaron al mismo nivel de la calzada y se instalaron nuevos sistemas de iluminación, canteros, cestos de basura y bancos. También se extendió la bicisenda de doble vía, para tener una alternativa de transporte ecológico y saludable, como reemplazo de los vehículos.

A diferencia de peatonales como Florida y Lavalle, el tránsito no está totalmente restringido, porque en toda la extensión hay hoteles y estacionamientos que es muy difícil (o imposible) reubicar. Ahora solamente pueden circular quienes deban ingresar o detenerse en dichos lugares, mientras que el resto, se expone a multas.

Yo tuve oportunidad de recorrerla cuando se habilitó la primera etapa y mi experiencia fue mala: pocos automovilistas respetaban las nuevas normas y la Policía no los controlaba, con lo cual era imposible caminar por la calle. Pero hace unos días la recorrí de nuevo y la situación fue exactamente la opuesta, incluso sin oficiales a la vista.

Ahora que se logró el cambio cultural (justamente, lo más difícil), la idea es hacer estas mismas obras en Tacuarí, que ya tiene los primeros metros convertidos entre Rivadavia y avenida de Mayo. Al terminar esta etapa, que obligará a modificar los recorridos de varios colectivos, habrá otras 13 cuadras peatonales hasta San Juan. ¿Qué opinan de estos cambios?

Foto: Clarín