Allá por el año 1897, un operador de cine atrevido llamado Eugenio Py dio el puntapié inicial para el resto de los realizadores nacionales que surgirían con los años: se animó a filmar el primer documental, y por ende la primera película, nacional, titulado La Bandera Argentina. La verdad, era bastante aburrido: una filmación de los 17 metros de la bandera nacional, flameando al viento. Pero desde ese entonces, se sentó el terreno para que películas mágicas (y nacionales) se fueran filmando.

Fue en esa misma época en la que fueron surgiendo los primeros cinematógrafos, los primeros cines nacionales, en la ciudad porteña. Entre 1986 y 2010, se construyeron en la ciudad unos 300 cines, algunos de los cuales son un emblema de la ciudad. Lamentablemente, muchos de ellos ahora se transformaron en otro tipo de establecimiento: locales comerciales, iglesias, y muchas cosas más. Sin embargo, quedan en el recuerdo de todos como parte de la historia de una ciudad que nació emulando las más altas aspiraciones europeas.

El primer cine en abrirse en Buenos Aires es el Salón Florida, y se inauguró en el año 1900 en la base del Palacio Novedades. El Palacio era una especie de tienda, algo así como un shopping de nuestros días, pero también se proyectaban películas, por lo cual tenía sentido que allí se abriera el primer cine porteño. Desde ese entonces, fueron surgiendo muchas más salas, en el centro de la Ciudad, que hoy en día son históricas (o, lo más triste, ya no existen).

Uno de esos ejemplos es el cine Metro. Esta sala se inauguró en 1946; el gran estreno fue una película con Eleanor Parker sobre la vida de Marjorie Lawrence, y su inauguración fue un símbolo de orgullo porteño: una capacidad para dos mil quinientos espectadores eran un símbolo de prosperidad. El cine Metro (ubicado en el Centro, en Cerrito 570) fue durante décadas un punto de encuentro para cinéfilos de la Ciudad, con estrenos algo raros desde su reapertura en 1984, pero para ese entonces ya contaba con tres salas diferentes para ampliar su oferta. Hoy en día, en la ubicación del cine Metro funciona un hotel.

Otro de los grandes cines que hoy en día tiene otra función es el cine Ambassador, en la calle Lavalle. El cine fue transformado en una serie de locales comerciales, pero en sus mejores épocas fue un símbolo de Lavalle, una calle porteña conocida por sus salas cinematográficas. El cine era considerado uno de los más aristocráticos del área, donde las personas con más recursos económicos iban a ver películas. Con el correr del tiempo, las dificultades económicas ocasionaron el cierre de la sala, que eventualmente pasó a manos de un grupo de inversores que decidió transformarlo en algo más.

El antiguo cine Capitol también sufrió el mismo destino. En la zona de Santa Fe y Callao, en el corazón de Barrio Norte, el cine Capitol era uno de los más tradicionales de Buenos Aires. Pero con la llegada de complejos de salas más grandes en la zona, como el Village Recoleta, el cine fue decayendo en cantidad de espectadores. Finalmente, su dueña decidió venderlo a una cadena de disquerías.

Claro, no siempre sucedió lo mismo. Algunas entidades decidieron rescatar el patrimonio de la Ciudad y muchos cines históricos siguen funcionando actualmente, dandole un lugar privilegiado al cine más independiente y experimental.

Uno de estos es el Cine Cosmos, antiguamente llamado Cine Cataluña, en la avenida Corrientes. Diseñado por el arquitecto belga Albert Bourdon, está construido en un estilo art decó, típico de la época, en 1929. El cine no tenía nada de novedoso hasta que fue adquirido por un argentino de origen ruso que lo renombró a cine Cosmos y se dedicó a proyectar películas soviéticas de vanguardia, a partir del ’66. El cine cerró en 1987, pero la Universidad de Buenos Aires lo compró y lo reabrió en 2010.

Otro caso ejemplar de cines “rescatados” es el del Gaumont, aunque esta sala nunca estuvo en un peligro real de cierre. El cine Gaumont se inauguró en 1946, en un edificio de estilo racionalista, es decir, un estilo despojado de demasiadas ornamentaciones y más orientado a lo funcional, con influencias del art noveau. Fue nombrado gracias a Léon Gaumont, una figura emblemática del cine.

Aunque en principio fue uno de los cines más concurridos de Congreso, con el correr del tiempo se tuvo que adaptar a la modernidad, y en 1995 fue remodelado para aumentar la cantidad de salas (esta fue una práctica muy difundida entre cines antiguos que buscaban competir contra los complejos). En el 2006, fue alquilado por el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, y desde ese entonces funciona allí el Espacio INCAA Km. 0, donde se proyectan películas nacionales que no tienen tanta difusión en el circuito comercial.

Foto: Congreso Ayer y Hoy