Hoy es un día especial para Buenos Aires, porque hace 112 años nacía una de sus personalidades más destacadas: Jorge Luis Borges, quien está siendo homenajeado con distintas actividades en la Ciudad y también en el mundo virtual, a través de un Doodle (o logotipo para fechas especiales) de Google Argentina. Si bien acá les hablamos varias veces del autor cuya obra dio origen al nombre de nuestro blog, esta vez lo vamos a recordar de otra forma: como porteño.

El escritor siempre expresó su profundo cariño hacia la Capital donde dio sus primeros pasos, algo que quedó plasmado en sus textos. Si bien no llegó a vivir en todos los llamados 100 barrios porteños (que en realidad son 48), a lo largo de toda su vida habitó en numerosos puntos de Buenos Aires. Lógicamente, los lugares que sobrevivieron al paso del tiempo, exhiben placas recordatorias.

Si repasamos su biografía, vamos a descubrir que nació el 24 de agosto de 1899 en el barrio de San Nicolás, a unas doce cuadras de la Casa Rosada. La primera vivienda no estuvo muy lejos de ahí, porque quedaba en Tucumán 840, entre Esmeralda y Suipacha. Se trataba de una construcción típica para la época, donde las habitaciones estaban a los lados de patios alargados, uno de los cuales tenía un aljibe. Además, había una galería que hacía las veces de pasillo y un corredor con piso de baldosas. Perteneció a sus abuelos maternos y, hoy en día, funcionan la Asociación Cristiana Femenina y el Restaurante El Poeta.

Poco tiempo después, puntualmente en el año 1901, se mudaron al barrio que tiene un lugar privilegiado en sus trabajos: Palermo. El lugar elegido fue la casa de su abuela Frances Haslam de Borges (más conocida como Fanny), de nacionalidad inglesa, lo cual ayudó a que Borges incorporara esa lengua. Quedaba en Serrano 2135 y ahí nació su hermana Leonor Fanny, antes de mudarse a una casa de estilo art-noveau en Serrano 2147. Si bien ninguna de las dos existe en la actualidad, fue tal su trascendencia, que un tramo de esa calle lleva ahora el nombre del escritor.

Al volver de Europa, en 1921, descubrió que su hogar de Serrano 2147 se encontraba alquilado. Es así, que volvió a la zona céntrica, alojándose en el Hotel du Helder de Esmeralda 264. Pero claramente, Palermo ya se había ganado un lugar en su corazón, por lo cual después se mudó a Bulnes 2216. Recién en 1922, tanto él como su familia pudieron regresar a la calle Serrano. Aunque, poco tiempo después, se iría nuevamente de viaje.

Es así que a su vuelta, el 19 de julio de 1924, pasó unos meses en el Hotel The Garden ubicado en Callao 950 para después ir a Quintana 222. Esa numeración era una especie de cábala para Ricardo Güiraldes, quien estuvo de visita más de una vez. Además, mientras vivía ahí, tuvo que someterse a una de las operaciones por su ceguera que cada vez estaba más avanzada. Décadas después, volvió a esa calle con su madre, pero a la vereda de enfrente.

En la foto de arriba, pueden ver uno de los pocos edificios que aún se mantiene en pie, que queda en Pueyrredón 2190. Ahí vivió desde julio de 1929 y la particularidad de este lugar es que, incluso en la actualidad, hay un aguaribay bajo el cual se sentaba a leer en su juventud. Desde las ventanas podían verse tanto el Cementerio de la Recoleta como el Río de la Plata. También, cada vez que viajaba a la Plaza Miserere en tranvía, aprovechaba para leer La Divina Comedia.

El recorrido sigue en Anchorena 1672, el lugar que eligió en 1938 tras la muerte de su padre. Curiosamente, a pocos metros de ahí (en Anchorena 1660), funciona hoy la Fundación Internacional Jorge Luis Borges que preside su viuda, María Kodama. Sin embargo, ese no fue el lugar donde pasó gran parte de su vida, sino que se trató de Maipú 994 6º B. Sólo lo abandonó durante tres años para mudarse a Belgrano 1337, en el barrio de Monserrat, durante su corto matrimonio con Elsa Helena Astete Millán.

Como ven, no importa si se trata de una casa, departamento u hotel. En cada uno de los domicilios que habitó, se esconden múltiples anéctodas que nos dan detalles para conocer un poco más el universo borgeano. Y aunque varios de ellos ya no existen más, de una forma u otra queda el testimonio de su faceta de vecino que amaba a Buenos Aires. Como cualquiera de nostros.

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