Buenos Aires es una ciudad en la que el día a día se vive a un ritmo vertiginoso. Al caminar por las calles del centro, se suele ver una gran cantidad de gente que va y viene. A los porteños se les suman los habitantes de zonas cercanas que viajan diariamente para trabajar en la ciudad. Lo interesante de Buenos Aires es que, dentro de toda esa atmósfera de aceleración en la que se vive, aún se pueden encontrar algunas joyas perdidas. Estos son lugares en pleno corazón de la ciudad que parecen haberse quedado en el tiempo, y que al visitarlos parece que el ritmo, hasta el propio, se detiene.

Uno de estos lugares es la tradicional confitería La Giralda. Ubicada en pleno centro porteño, en la avenida Corrientes, a unas pocas cuadras del Obelisco, aparece como un oasis donde encontrar un refugio ante tanta velocidad. El frente de madera y una suerte de vidriera donde se exponen fotos viejísimas suele pasar desapercibido al ojo del transeúnte. Si no se le presta atención, parece un local cerrado hace años, sin que nadie lo recuerde.

Al cruzar la puerta, el pasado se hace presente. Una decoración austera típica de bar de antaño recibe al visitante: las paredes blancas con espejos y el mobiliario que deja a la imaginación pensar cuántos cafés se habrán servido en esas mesas. Pero La Giralda nos engaña, no muestra lo mejor al recién llegado.

Aquí se esconden dos de las mejores cosas de Buenos Aires: los mozos tradicionales, esos hombres mayores uniformados capaces de responder cualquier pregunta sobre la carta por conocerla de principio a fin, y una memoria bien ejercitada que les permite recordar absolutamente todos los pedidos sin necesidad –nunca- de tomar nota. El otro tesoro de La Giralda es el famoso chocolate con Churros. Entrar a probarlo en un día de frío es sinónimo de felicidad garantizada, realmente no hay como el que se prepara allí.

Esta cafetería tiene un público variado. Durante el día es común ver trabajadores en reunión –sobre todo abogados- o en busca de un almuerzo al paso. También se suele ver por las tardes a jóvenes y estudiantes que buscan un refugio diferente, donde se puede ir a tomar un café y quedarse durante horas en tranquilidad. Los fines de semana, La Giralda recibe a aquéllos que entran y salen de los cines y teatros de los alrededores.

Vale la pena visitarla si se busca ver algo del Buenos Aires de antes. Al salir, todo vuelve a la normalidad. La Giralda se encuentra en avenida Corrientes 1453.

Foto: Buenos Aires Weekly