Una obra maestra del cine argentino que surgió en las últimas dos décadas, el cual se caracteriza por producciones que no tienen nada que envidiarle a Hollywood. Eso es Nueve Reinas, la ópera prima de Fabián Bielinski, que fue estrenada en el año 2000 y pinta un llamativo retrato de nuestra sociedad. Pero además, nos sirve como ejemplo para mostrar que Buenos Aires es película.

La historia gira en torno a dos estafadores de poca monta: Juan, interpretado por Gastón Pauls y Marcos, cuyo papel lo hace Ricardo Darín. Ambos se conocen por casualidad en una estación de servicio del centro porteño, tras una estafa que cometió Juan, lo que luego los lleva a trabajar juntos en una oportunidad única.

Los primeros detalles de la operación se los cuenta caminando por las calles del barrio de San Nicolás, donde aprovechan para estafar a los empleados de La Tasca de Fosforito, un restaurante de Hipólito Yrigoyen y Salta que mantiene ese estilo tipico de barrio. Y de ahí, la acción se traslada a la zona del Obelisco (y el pasaje bajo la Nueve de Julio), donde Marcos empieza a identificar a diversos ladrones.

Luego de esa escena, Marcos recibe un llamado de su hermana Valeria, que trabaja en el hotel Hilton de Puerto Madero, un barrio que apenas había sido reconocido como tal unos cuatro años antes del estreno. Como Sandler, un viejo estafador y compañero de Marcos había sufrido un infarto, le encomienda la misión de vender una colección de estampillas falsas (las nueve reinas) a un empresario español por medio millón de dólares.

Pero hay un problema: los que hoy denominamos motochorros roban el maletín con las estampillas y comienza una persecución por la zona más joven y exclusiva de la Ciudad. Finalmente, Marcos convence a Juan de que deben hacer la transacción con las verdaderas, algo que finalmente ocurre y por lo cual reciben un cheque certificado.

Así, la acción se traslada al barrio de Balvanera para intentar cobrar el cheque. El nuevo inconveniente es que el Banco Sudamericano de Crédito había quebrado y los ahorristas se agolparon en la puerta para recuperar su dinero, algo que vimos en la vida real poco tiempo después en la crisis de 2001. Todo termina con un descenlace sorpresivo en una fábrica de Almagro, a la cual llega Juan tras un viaje en subte.

Aparte de la originalidad de la historia y los grandes giros de la trama, un gran atractivo es que refleja nuestra vida cotidiana y, por sobre todas las cosas, la llamada viveza criolla. Seguramente, fueron algunos de los ingredientes que le significaron recibir numerosos premios e, incluso, que Warner Bros. comprara los derechos para hacer su propia versión. Es decir, de Buenos Aires para el mundo.