Es innegable: Buenos Aires es una ciudad de bares. Desde la época de la colonia española, en el Centro de la Ciudad se fue creando un polo de cafetines, bares y cafés que, con el correr de las décadas, se transformaron en símbolos de nuestra cultura. Por iniciativa de la Ciudad, existen algunos bares que son denominados bares notables. Este tipo de establecimientos, sesenta en total, se llaman así porque son emblemáticos de la ciudad porteña, y tienen la trayectoria para probarlo.

De hecho, muchos de estos bares notables son Patrimonio Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, y por sus mesas pasaron algunas de las personalidades más grandes de la cultura local. Estar sentados en el mismo lugar que Jorge Luis Borges o que Roberto Arlt, escritores fundamentales porteños, es algo impagable.

Algunos de estos bares se destacan más que otros, por su calidad, ambientación y servicio. Pero todos ellos tienen una historia nutrida e interesante, con altibajos, peligros de cierre, recuperaciones y mucho más. Hemos elaborado una lista con los que, pensamos, son diez cafés históricos que, estando de visita o viviendo en Buenos Aires, no se puede dejar de visitar al menos una vez en la vida.

  • Café Tortoni: Fundado en 1858, el Café Tortoni cuenta con más de 150 años con sus puertas abiertas. Ubicado en Avenida de Mayo, en pleno Centro porteño, el Tortoni es un símbolo del tango, y aún hoy en día el público hace fila por horas para poder disfrutar de sus espectáculos de 2x4 acompañados de un rico café. La cantidad de tangos dedicados al Tortoni es incontable. De hecho, este establecimiento existe desde antes de que fuera construída la misma Avenida de Mayo, y tuvo que ser remodelado para poder sobrevivir el trajín de la obra. Sin embargo, sobrevivió saliendo más fuerte y con una nueva fachada. El Tortoni también es fundamental para la historia literaria de Buenos Aires: a comienzos de los años sesenta, autores como Ricardo Piglia, Liliana Heker y Abelardo Castillo usaron sus mesas para reuniones, y de esas sesiones surgieron revistas clásicas como El Escarabajo de Oro y El Grillo de Papel. Pero antes, Carlos Gardel, el símbolo máximo del tango, había sido habitué: ocupaba la mesa del costado derecho, del lado de la calle Rivadavia. Dirección: Av. de Mayo 825.

  • Los Angelitos: Nos aproximamos a Once, y aunque ahora cuenta con carteles de una popular gaseosa y fotografías de parejas tangueras con alas, que le dan un look más moderno, el Café Los Angelitos es uno de los bares más tradicionales de Buenos Aires. También Gardel fue habitué de Los Angelitos, pero por sus esquinas pasaron otros trovadores del arrabal y figuras de la política nacional como Juan B. Justo y Alfredo Palacios, el primer diputado socialista de América. El café fue fundado a finales del siglo XIX, exactamente en 1890, pero pasó por varias manos, sin perder su tradición. Allá por 1917, el productor musical Mauricio Goddart contrató al dúo Gardel-Razzano, después de lo cual grabaron su disco Cantar Eterno. En la década del '30, la literatura poseyó a Los Angelitos en la forma de Carlos de la Púa, autor del clásico de la poesía en lunfardo La crencha engrasada, quien arengó encuentros de poetas en las mesas del Café. Por un tiempo largo, Los Angelitos fue cerrado, tapiado, y, me atrevo a decir, olvidado. Pero afortunadamente regresó para el disfrute de todos. Dirección: Av. Rivadavia 2100.

  • La Giralda: En plena Avenida Corrientes, centro de los espectáculos teatrales porteños y un símbolo de la cultura local, el café La Giralda se erige con toda elegancia y tradición. La Giralda es conocido por su chocolate con churros, una delicia local preparada especialmente para las fiestas patrias, pero también es un bar con mucha historia. En 1930, un año de tumulto político y social, un español llamado Francisco Garrido instaló en plena calle Corrientes una lechería. Aunque después La Giralda sería comprada, se mantuvo la tradición: el imperdible chocolate con churros. El bar atendía las 24 horas, y saciaba las ansias de un café rápido o de una charla con amigos tanto de oficinistas como de turistas. Hoy en día, La Giralda parece haberse detenido en el tiempo y conserva su mobiliario original, por lo cual tomarse un café parece ser casi un viaje en el Delorean. La Giralda también es un símbolo cultural, pues albergó a muchos participantes de la contracultura porteña de los años '60 que aprovechaban sus horarios, en esos momentos inauditos, para discutir obras de literatura y de arte. Dirección: Av. Corrientes 1453.

  • La Academia: El nacimiento del café La Academia surge casi al mismo tiempo que el de La Giralda. También en un tumulto social y en pleno nacimiento de la primera dictadura militar en Argentina, La Academia nació junto a la construcción del Obelisco. Fue hogar de la clase bohemia porteña, y albergó a los asistentes a los teatros, mitines políticos o cualquiera que tuviera ganas de tomarse una taza de café. Uno de sus signos más claros de identidad son sus billares: el ruido de los tacos es la banda sonora del establecimiento, que permanece abierto hasta altas horas de la madrugada. Antes un punto de encuentro para los malevos tangueros, hoy en día es fundamentalmente una atracción turística, aunque también cuenta con una base fiel de clientes que no lo abandonan. Dirección: Av. Callao 368.

  • Las Violetas: Este café es uno de los más tradicionales de Buenos Aires. Ubicado en el barrio de Almagro, sus coordenadas respiran tango, pero su ambientación no es similar a aquellos cafetines de tangueros, sino que exuda elegancia y sofisticación. La Avenida Rivadavia, esquina Medrano, es el hogar de Las Violetas desde comienzos del siglo XX. A pesar de que en esos momentos, los cuatro kilómetros que separan Almagro del Centro porteño parecían interminables, Las Violetas fue decorado con toda la modernidad europea: mármoles italianos, vitrales franceses, gigantescas arañas doradas. Aún hoy, si pasamos por la puerta, podemos apreciar algo de esta meca de los cafés porteños: encantador como ningún otro, Las Violetas aún cuenta con la opulencia de antaño, y sus masas son la perdición de muchos. Los sábados a la tarde muchos se juntan a tomar el té y la cola es considerable, pero las personas no tienen problemas en esperar horas para conseguir una mesa. ]Dirección: Av. Rivadavia 3899*.

  • La Biela: Otro legendario establecimiento sobre la calle Corrientes, La Biela es un bar temático orientado al automovilismo que abrió sus puertas en 1850. Se llama así desde 1942, cuando los dueños del lugar comenzaron a notar que su concurrencia estaba conformada principalmente por fanáticos del automovilismo. Fue uno de los primeros locales gastronómicos en ubicarse frente al Cementerio de la Recoleta y Plaza Francia, y aunque hoy en día cuenta con muchísima competencia, es también un signo de la tradición de las pasiones porteñas. Los pisteros de mediados del siglo XX encontraban en La Biela un lugar para charlar sobre su hobbie máximo, y sus paredes se decoraron con el correr de los años con motivos de autos. También en los años '60 la concurrencia cambió, y se llenó de jóvenes artistas explorando el novedoso arte pop. Dirección: Av. Quintana 596.

  • El Gato Negro: si hay un lugar en Buenos Aires donde tomar el mejor té en hebras de la Ciudad, es El Gato Negro. Además de oficiar de bar, El Gato Negro es uno de los puntos en Buenos Aires donde se pueden conseguir especias exóticas difíciles de encontrar. Se trata de un establecimiento pequeño pero encantador, que se fundó en 1928 por un español que se casó con una argentina y decidió poner un local de especias, tradicionales para la cocina ibérica. Desde ese entonces, el café fue evolucionando, y hoy en día también es un punto de encuentro para los fanáticos de la literatura que se pasan horas revolviendo libros usados en las librerías de viejo de la calle Corrientes. Lo curioso es que solamente a partir de 1997 el café cuenta con mesas. El actual dueño del establecimiento y nieto de su fundador, Jorge Crespo, decidió ofrecerle a las personas que se pasaban un largo rato mirando cómo se molía el café un lugar para sentarse. Dirección: Av. Corrientes 1669.

  • Bar Británico: El Bar Británico es uno de esos tesoros porteños que casi se pierden, pues él también, como Los Angelitos, cerró sus puertas por un período de tiempo. En San Telmo, el Bar Británico era un reducto para artistas bohemios y estrafalarios que usaban sus mesas como punto de reunión, de debate y de diversión. Su ambientación y mobiliario resistió al paso del tiempo y se mantiene intacto, como una muestra del Buenos Aires de ayer, figura de cera que parece nunca cambiar. Se dice que el Bar Británico comenzó como una pulpería llamada "La Cosechera", allá por la década del '20, pero se terminó llamando Bar Británico porque su concurrencia estaba formada en su gran mayoría por los directivos y empleados del Ferrocarril, todos de origen inglés. Dirección: Defensa 1492.

  • El Banderín: Otro cafetín que nació en la década del '20, El Banderín solía ser un almacén de ramos generales donde se podía conseguir de todo, pero, por supuesto, contaba con un despacho de bebidas, por lo cual terminó transformándose en un bar. Mario, su dueño, era un fanático de River Plate y su pasión en la vida era coleccionar banderines del club. Con el correr del tiempo, y después de un viaje a Austria, fue coleccionando más y más banderines que le dieron el alma y el nombre al local. Algunos de sus concurrentes más importantes también pertenecieron al ámbito futbolero, como Ángel Firpo y Adolfo Pedernera. Tato Bores incluso lo eligió para grabar una emisión de su programa Good Show. Hoy en día, aunque también mantiene su estilo clásico, El Banderín se modernizó con más agregados y hasta tiene conexión de internet wi-fi. Dirección: Guardia Vieja 3601.

  • Los 36 Billares: Sobre Avenida de Mayo también encontramos otro café que data de fines del siglo XIX. Los 36 Billares es un bar clásico ambientado con la estética de la época y con vetas artísticas españolas. Grandes ventanales de madera y mesas antiguas le dan el corazón al lugar, pero su elemento fundamental son los billares. Aún hoy su concurrencia es un público fanatizado por el deporte que  religiosamente atiende para jugar algunas partidas con amigos. Por supuesto que no es de acceso restringido y aquellos que quieran simplemente tomar un café y mirar a las personas jugar están más que bienvenidos. Pero no sólo de billares se vive, así que Los 36 Billares también fue un punto de encuentro para escritores importantísimos como Federico García Lorca y Abelardo Arias. Dirección: Av. de Mayo 1265.

Foto: Francisco Agarao en Flickr, Violeta en Flickr, ClixYou en Flickr