La mayoría de las noticias sobre la Legislatura porteña se refieren a las leyes que se tratan en su recinto, las cuales terminan afectando a nuestra vida cotidiana. Pero esa no es la única importancia que posee el edificio, sino que también enriquece el patrimonio arquitectónico de nuestra Capital y de toda la Argentina. Es por eso que, esta mañana, el Palacio Legislativo de la Ciudad de Buenos Aires fue reconocido como Monumento Histórico Nacional.

En el decreto 1495/2011, que fue publicado hoy en el Boletín Oficial, se destacan los distintos aspectos arquitectónicos de la construcción que está a pocos metros de la Plaza de Mayo, así como la enorme cantidad de ejemplares de todos los tiempos que tiene la biblioteca. Naturalmente, no faltaron la torre y el reloj que forman parte de muchas postales del centro porteño.

La piedra fundamental de la que fue la sede del Consejo Deliberante hasta que entró en vigencia la autonomía de Buenos Aires en 1996, fue colocada el 18 de noviembre de 1926 por el presidente Marcelo T. de Alvear. La obra quedó a cargo del arquitecto Héctor Ayerza, quien adoptó el estilo academicista francés. Los trabajos llevaron cinco años y la inauguración del Palacio se hizo el 3 de octubre de 1931, pero durante el gobierno dictatorial que asumió un año antes, tras el golpe que encabezó José Félix Uriburu.

La fachada del edificio tiene detalles como la puerta de la avenida Julio A. Roca y Perú, cuyas hojas tienen aldabones centrales con forma de cabeza de león. También podemos encontrar balcones a la altura del piso principal y mascarones griegos sobre los arcos. En un ventanal se puede ver el antiguo escudo de la Municipalidad hecho en bronce, mientras que en el último piso se colocaron 26 esculturas, las cuales recrean modelos clásicos de Francia.

En su interior encontramos una serie de salones, que son utilizados tanto para actividades legislativas como de interés general. El Salón de Concejales es el recinto donde se realizan las sesiones del Parlamento, que posee forma de semicírculo y un cielorraso abovedado, con una claraboya central. El Salón Dorado es donde ocurren las asambleas públicas, recepciones y eventos especiales, iluminado por 20 arañas de distintos tamaños. Por otra parte, el Salón San Martín, tiene una chimenea en mármol verde de Grecia y una enorme araña de 40 luces.

Otro de los espacios destacados es el Salón Eva Perón, donde funcionó en su momento la Fundación Eva Perón, de la cual todavía se conservan algunos elementos utilizados en esa época. También hay una biblioteca con más de 25 mil ejemplares que puede consultar el público en general y una hemeroteca con publicaciones desde el año 1870.

Obviamente, no podemos pasar por alto la torre de 97 metros de altura, donde funciona un reloj con cinco campanas. El mismo está conectado a un carrillón alemán que supo ser el más grande de Sudamérica cuando se lo inauguró. Un dato curioso es que se lo utilizó para tocar la marcha fúnebre en 1933, durante el velatorio del intendente José Guerrico.

Como ven, aparte de las decisiones trascendentales que se toman en su interior, el edificio tiene su propia historia y un gran valor arquitectónico que vale la pena conocer. Por suerte, este nuevo reconocimiento también implica la protección edilicia, para que podamos maravillarnos por mucho tiempo.

Fotos: Maquia26 | Milton blanco | A view on cities | Roberto Fiadone