Hoy es el aniversario de uno de los grandes coliseos que podemos encontrar en Buenos Aires, aportando un enorme valor patrimonial, tanto en su aspecto edilicio como histórico: el Teatro Cervantes, la obra más imporante que nos dejó la actriz española María Guerrero, está festejando sus 90 años de existencia.

Todo empezó cuando Guerrero llegó a Buenos Aires junto con su esposo Fernando Díaz de Mendoza en 1897, época en la cual ya habían revolucionado el arte dramático y escénico de España, reconstruyendo los dramas históricos en su verdadero ambiente . Varias veces se presentaron en el porteño Teatro Odeón, con un importante reconocimiento del público argentino.

Tal fue la relación, especialmente gracias al impresionante exito de la obra La Dama Boba de Lope de Vega, que la actriz quiso dejar un regalo para nuestra Ciudad. Es así que en 1918, comenzó la construcción del teatro con su marido. Aunque tenían pocos recursos, el propio rey de España ordenó que los buques de bandera española transportaran los elementos necesarios para dar forma al Cervantes.

La obra fue llevada a cabo por los arquitectos Aranda y Repetto, quienes trabajaron en los terrenos de Libertad y la avenida Córdoba para levantar un teatro con estilo español, cuya fachada recuerda a la Universidad de Alcalá de Henares. Por otra parte, el pintor Alarma fue el encargado de hacer un fresco en el techo, que lleva el motivo de la Torre de Murcia.

La inauguración fue el 5 de septiembre de 1921, en un hecho que fue un verdadero acontecimiento cultural y social, convocando a presonalidades de todos los rubros. Su nombre se debe a que María Guerrero quería homenajear a un autor español.

Mantener semejante construcción no era sencillo, con lo cual en pocos años alcanzó un fuerte endeudamiento, corriendo el riesgo de remate. Pero como el presidente Marcelo Torcuato de Alvear buscaba que el país tuviera un teatro oficial, ordenó adquirirlo y, en 1933, se creó el Teatro Nacional de la Comedia, con sede en el Cervantes.

El debut de esta nueva etapa fue el 24 de abril de 1936, cuando se representó Locos de Verano de Gregorio de Laferrere. Y finalmente, en 1947, la Academia Argentina de Letras logró asignarle su denominación actual: Teatro Nacional Cervantes. Desde ese momento, pasaron por el escenario obras como Don Juan de Moliére, La casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca o El pan de la locura de Carlos Gorostiza.

Sin embargo, el 10 de agosto de 1961 ocurrió un incendio que destruyó el escenario y una parte del edificio que da hacia la avenida Córdoba. Gracias a fotografías y algunos restos encontrados en el lugar, se encaró una importante reconstrucción y remodelación del lugar.

Hoy en día, el teatro tiene tres salas: María Guerrero, que es la principal y tiene un diseño con toques italianos, Orestes Caviglia, que originalmente fue una confitería y bar, y Luisa Vehíl, inspirada en el Palacio de Oriente madrileño. Además, en el museo pueden verse las vestimentas utilizadas en distintas obras, destacándose el vestido que usó la fundadora en la función inaugural de este teatro, construido como reconocimiento a la pasión de los porteños por este arte.

Fotos: Vos En Ele | Wikimedia Commons