Hace poco más de un mes que utilizo el sistema público de bicing porteño, el cual trae varias ventajas, como ser una alternativa al tránsito congestionado, reducir la contaminación y ayudar a prevenir enfermedades, sin pagar siquiera por el alquiler de las bicis. Aunque andar por Buenos Aires en bicicleta no es ninguna novedad, este programa despertó la curiosidad de miles de personas y, más allá de los detalles que ya comentamos en el blog, todavía queda el mayor desafío: un cambio cultural.

Hoy leía en Clarín que, según un estudio que hizo Luchemos por la vida sobre más de 1400 ciclistas, hay poco respeto por las normas de tránsito: las faltas más comunes son ignorar la luz roja, no dar la prioridad de paso a los peatones o no tener elementos de seguridad como el casco o reflectantes, aunque la mayoría si respeta la prohibición de circular en contramano.

Es cierto: todos los días vemos cómo los automovilistas y conductores de transporte público violan las reglas, al mismo tiempo que los peatones cruzan por lugares prohibidos o sin prestar la debida atención, aumentando el riesgo de accidentes. Y si bien el ciclista tiene derechos a la hora de circular (e, incluso, ciclovías en muchas calles), también hay obligaciones.

En primer lugar, sólo las personas mayores de 12 años pueden circular por las calles, excepto las peatonales, autopistas, la calzada central de la General Paz y las avenidas Dellepiane, Cantilo, Lugones y Nueve de Julio. Al andar por vías que se comparten con autos, es necesario llevar DNI y desplazarse siempre por el sector derecho, mientras que es obligatorio usar las ciclovías donde ya estén habilitadas.

La bici debe estar equipada con varios elementos: un sistema de frenos para las dos ruedas que se accione desde el manubro, una base de apoyo en cada pedal, un timbre o bocina, un espejo retrovisor y reflectantes. De noche, también es necesario utilizar una luz roja trasera y una blanca delantera. Como imaginarán, el que maneja debe utilizar un casco homologado y no puede moverse en zigzag ni transportar más personas que la cantidad de asientos disponible.

Aunque la mayoría son cuestiones bastante básicas, lo cierto es que no se les presta demasiada atención, ya sea por desconocimiento o negligencia. Basta con andar unos minutos por la calle para ver, por ejemplo, cómo se ignoran los semáforos, la senda peatonal y otras señales. Algo que, en conjunto, en lugar de resolver algunos problemas habituales del tránsito, suma nuevos inconvenientes.

Por eso, ahora que la idea del Gobierno porteño es que esta actividad sea realmente masiva, espero que estas líneas sirvan para reflexionar. Desde el lugar de quienes nos movemos por Buenos Aires, para cumplir con las normas. Y desde el Estado, para que cada vez haya más difusión de las reglas, porque es algo que nos trae beneficios a todos.

Foto: Despistada2010