Siempre hablamos de Buenos Aires y su aire cosmopolita. Es tal vez, la ciudad del país en la que más se nota esa identidad argentina formada por un poco de lo que cada uno fue trayendo y confirmamos lo que dice el viejo chiste: los argentinos vienen de los barcos. En varias oportunidades en Eterna Buenos Aires buscamos opciones diversas en lo que se refiere a gastronomía para que todos encuentren algo que se ajuste a sus preferencias. Hoy les contamos sobre Sukiyaki, y creo que no me equivoco al decir que este restaurante japonés es uno de los más raros de la ciudad.

Sukiyaki se encuentra en el barrio de San Telmo y es atendido por su dueño, un señor japonés llamado Ito San. Hasta ahí todo parece normal, Ito se encarga de la cocina, la atención y la administración de su negocio. Al entrar, ya comienzan las sospechas. El restaurante no es más que un salón oscuro con mesas y sillas viejas y paredes que hace tiempo piden una nueva capa de pintura. De repente, la sorpresa: la música llega desde un equipo que ha visto épocas mejores y el ambiente lúgubre se anima al ritmo del heavy metal.

En ese mismo momento nos preguntamos, ¿dónde estamos? Pero recordamos las recomendaciones y advertencias que nos habían hecho sobre el lugar y sabemos que vale la pena. Ahora la duda es qué será lo que vamos a comer, porque no hay menúes y ya estábamos avisados:  Ito San prepara lo que quiere y hay que comerlo. Tampoco es taaan malo porque el sukiyaki -un plato japonés típico como el guiso, de ahí el nombre del lugar- es, según expertos, el mejor de la ciudad.

La comida es buena, se puede decir que es japonés auténtico sin -ninguna, en verdad- pretensión de glamour. Si buscan un restaurante con un ambiente agradable y atención especializada, no vayan. Sukiyaki es una experiencia, entrar por un rato al mundo de este señor gruñón que cocina porque es lo que sabe hacer pero si pudiera ganarse la vida de otra manera nos echaría a patadas.

Uno de los secretos mejores guardados del under de la República de San Telmo. Prueben, ¡pero no digan que no les advertí!

 

Foto:Planeta Joy