Parece mentira, en especial si tenemos en cuenta la problemática del Riachuelo, pero Buenos Aires es una de las ciudades que tiene menos contaminación en todo el mundo. Tan sólo en América Latina, está mejor que México D.F, Santiago de Chile, Bogotá o San Pablo. Y no necesariamente porque se contamine poco, sino por varias particularidades que tiene nuestra Capital.

Sin dudas, suena extraño, porque el parque automotor no para de aumentar y vemos a diario el humo que sale constantemente de los vehículos. Aún así, según un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el material particulado contaminante no supera el nivel ideal de 20 microgramos por metro cúbico. En otros países latinoamericanos encontramos niveles que van desde los 28 ug/m3 de Costa Rica hasta los 82 de Bolivia.

¿Y a qué se deben estos datos? Resulta que la ubicación geográfica de la Reina del Plata, las lluvias y los vientos, ayudan a disminuir la cantidad de partículas contaminantes en el aire. Incluso, esto queda demostrado en los estudios que hace la Agencia de Protección Ambiental, que encontró picos de 7 a 9 y de 18 a 20, pero sin romper la barrera del máximo tolerable.

De acuerdo con esos mismos trabajos, el centro porteño es una de las zonas más contaminadas de la Capital, en especial si nos referimos a las estaciones de Once, Retiro y Constitución. Recordemos que por ahí, aparte de los trenes, pasan decenas de líneas de colectivos y micros de media o larga distancia, que se suman al convulsionado tránsito de las horas pico.

De todas formas, los especialistas creen que no debemos confiarnos, sobre todo si tenemos en cuenta que los edificios entorpecen el paso de los vientos y que cada vez se construyen más torres. Con el tiempo, hubo iniciativas como el colectivo ecológico, el Metrobus, la extensión de los subterráneos o el alquiler de bicicletas, pero igual es importante trabajar para reducir las emisiones, ahora que no es un problema que necesite solución urgente.

Foto: Christian Córdova