En realidad, era médico ginecólogo, pero abandonó su carrera para dedicarse a su pasión: el tango y la actuación. Un 7 de diciembre como hoy, pero de 1914, nacía Alberto Castillo, una de las personalidades más importantes del 2x4 y, por supuesto, de la cultura porteña. A dos años de que la Ley Sáenz Peña otorgara el voto universal y secreto a los habitantes de Argentina, Alberto Salvador De Lucca abrió los ojos por primera vez en el barrio de Floresta. Y fue historia.

Hijo de dos inmigrantes italianos, Castillo comenzó su carrera en los años '30 (también una época de crisis para la Argentina) pero recién alcanzó el éxito en 1941, con la interpretación del tango Recuerdo de Alfredo Pelala. Además, por su rendición de la canción Cien Barrios Porteños, comenzó a ser conocido en el circuito como el "cantor de los cien barrios porteños".

En 1946, Castillo comenzó su carrera cinematográfica como actor. Comenzó con Adiós Pampa Mía, y luego extendió su filmografía a través de títulos como El tango vuelve a París y, uno de sus más grandes éxitos, Alma de Bohemio. Dos años antes de eso, Alberto ya había formado su propia orquesta bajo la dirección de Emilio Balcarce, violinista.

Podemos considerar a Castillo como un verdadero símbolo del tango. Era conocido por su exageración, por su vestimenta, y por su carisma, elementos que lo alejaron del típico cantante de tango de la época. Castillo era todo un showman, y en una época complicada, eligió representar la voz del pueblo en lugar de la de la clase dirigente.

Castillo pensaba que el tango no era simplemente un género, sino la música que nos atravesaba como porteños. Fue así como incorporó otros estilos a su música, como el candombe. En los años '50, revolucionó la escena con bailarines negros al son de sus canciones, algo que no agradó a demasiados.

La carrera de Castillo no se apagó con la edad. Al contrario: colaboró con la banda Los Auténticos Decadentes para una versión de Siga el Baile, y siguió activo hasta su muerte, en julio de 2002. Uno de los datos más interesantes de su vida, como les adelantamos, es que el tango era su verdadera pasión, y no la profesión que eligió en un principio. Castillo era ginecólogo, algo que no utilizó mucho después de consagrarse como cantante, pero que le vino a mano a la hora de casarse con su prometida, dado que su familia no quería dejarla ir con un simple cantor de tangos. Pero no era cualquiera, sino, el cantor de los cien barrios porteños.

Fuentes: Wikipedia, Calendario Histórico, Samy Tango

Foto: El tango y sus invitados