La Confitería del Molino. Aquellos nostálgicos la mirarán con un gusto amargo en la boca cada vez que pasan por la esquina de Rivadavia y Callao, viéndola tapiada y francamente en decadencia. Sin embargo, un nuevo proyecto propone expropiarla de sus actuales dueños y reformarla, para que pueda volver a abrir sus puertas.

Respondiendo a los reclamos de diversos sectores, el Gobierno de la Ciudad anunció que está en sus planes intentar abrir nuevamente la tradicional Confitería del Molino, cerrada desde 1997. Es la respuesta a varios pedidos de protección al patrimonio histórico, que venimos viendo repetidas veces desde que no fue prorrogada una ley de protección de patrimonio.

Hoy al mediodía, se produjo una manifestación de ONGs frente a la confitería, para reclamar que esa ley, que protege a los edificios anteriores a 1941 contra demoliciones, no sea eliminada. Esta ley no fue tratada en la Legislatura por una falta de interés de la mayoría política, y también por decisión del poder Ejecutivo de la Ciudad. Desde ese entonces, organizaciones como Basta de Demoler han puesto el grito en el cielo.

Por ende, este anuncio, que llega en un momento adecuado, debería calmar la situación, aunque no elimina el problema de fondo. Ese solamente llegará con la aprobación de una nueva ley de protección. Pero volvamos a la Confitería del Molino. En este caso, se utilizará la figura del “privado expropiante”; usando un concurso público, además, se presentarían los proyectos para recuperar y eventualmente abrir la confitería. Para que todo esto funcione, el local tiene que ser declarado “de utilidad pública”, a lo cual los dueños actuales no podrán oponerse.

De acuerdo con la última información, no se sabe exactamente quiénes son los dueños de la propiedad. Lo que se supo, hace algunos años, es que la reapertura estuvo trabada por un proceso de sucesión que se complicó. Pero todo esto no importará ante una eventual expropiación. Si bien la decisión es elogiable, como dijimos no elimina el problema de fondo: la falta de protección que tienen los edificios antiguos en la Ciudad.

Hagamos un poco de historia para comprender la importancia de la Confitería del Molino. El local fue inaugurado en la década de 1850 por Constantino Rossi y Gaetano Brenna, importantes pasteleros de la Ciudad. En ese momento, se llamaba Confitería del Centro, pero con la instalación del primer molino harinero, cambió su nombre a Antigua Confitería del Molino. Recién en 1905 se mudaron a un local frente al Congreso. Y en el año del Centenario, la Confitería tuvo su última mudanza con la adquisión de sus dueños en sociedad con otros empresarios, que compraron el edificio actual. A partir de 1917, la Confitería funcionó en la esquina de Rivadavia y Callao.

Aunque en 1992 fue declarada Área de Protección Histórica, el negocio estaba en decadencia a partir de la década de 1990. Cerrada desde 1997, la Confitería del Molino viene siendo objeto de debate desde hace varios años, pero recién en 2010 se comenzó a barajar una posible expropiación.

Foto: Frecuencia Zero