Seguro que muchos de ustedes se habrán sentado junto a la escultura de Mafalda, ese entrañable personaje ideado por el dibujante Quino, que tiene un sencillo pero interesante homenaje en la esquina de Defensa y Chile, en pleno barrio de San Telmo. Pero lo que no todos conocen es que, a pocas cuadras de ahí, la historieta toma vida en el Almacén Don Manolo. O lo que queda de él.

Resulta que Joaquín Lavado, que es el verdadero nombre del autor de la tira, se inspiró en la zona para crear la historieta que dio la vuelta al mundo. Por ejemplo, la dirección de la casa de Mafalda es, justamente, donde vivió Quino: Chile 371. Y el negocio que atiende la familia de su amigo Manolito, también tiene su correlato en la vida real: el local de Balcarce 772.

Ese lugar fue la fuente de inspiración para simbolizar el capitalismo puro, en base a las peculiares formas de Manolito para promocionar el comercio de su padre o, incluso, imaginarse como dueño de una gran cadena de supermercados cuando crezca. Algunos rasgos de este particular personaje son el materialismo extremo y el poco interés por cuestiones que no estén relacionadas con los negocios.

Si salimos de la ficción, el verdadero almacén fue propiedad de Manuel Fernández, quien colocó afiches de Mafalda por todas partes cuando empezó a alcanzar gran popularidad, siendo conocida incluso en otros países. Fernández falleció hace más de 15 años, quedándole el local como herencia a su hijo, que en este caso sería el Manolito de carne y hueso.

Sin embargo, la actualidad es muy distinta a la que supimos leer en las tiras: hoy funciona ahí un maxikiosco, donde sólo quedan los carteles y dibujos en las paredes, que mantienen la magia de la historia. Y pensar que el amigo de la protagonista decía: "Cuando sea grande, voy a tener una cadena de supermercados que va a cortar el hipo". Claramente, de la ficción a la realidad hay un largo trecho.