Lo que esperábamos ya es una realidad. Ayer, se anunció el aumento de la tarifa del subte a $2,50, más del doble de lo que cuesta actualmente ($1,10). El anuncio llega apenas un día después de que la Ciudad se haga cargo del subte, como fue pactado con el Gobierno Nacional. El aumento será efectivo a partir de mañana, y, como podemos ver, tiene una diferencia importante con el valor de otros transportes públicos como colectivos y trenes.

De acuerdo con los responsables del subterráneo, la tarifa viene acumulando un atraso que no se corresponde con la realidad de los salarios y de los gastos que tiene la compañía. Entre el 2001 y el 2011, el subte solamente aumentó un 57 por ciento, mientras que la nafta súper, por dar un ejemplo, aumentó en un 360 por ciento. El último aumento registrado de la tarifa de las líneas de subte es de 2009, cuando se estableció el precio actual de $1,10.

Por supuesto, ya comenzaron a llegar los reclamos, que van más allá de tener que pagar más. En la Legislatura porteña, la oposición está pidiendo que se respeten las formas: siempre que se realiza un aumento de tarifa en los servicios públicos, tiene que llevarse a cabo una audiencia pública en la que los ciudadanos de Buenos Aires puedan participar y expresar sus opiniones. Claramente, no se llevó a cabo. De hecho, hasta ayer, estábamos atentos para saber cuándo subiría, y no imaginábamos que sería en un mismo día, y apenas dos después de la entrada de la Ciudad al juego del Subte.

Ya se está barajando en un sistema de tarifas sociales para aquellas personas (se calcula, un 11% del total de los pasajeros) que tendrán problemas para pagar el precio de $2,50. Pero este proyecto todavía está en pañales y aún no han surgido más novedades más allá del hecho de que se usará la tarjeta SUBE para determinar quiénes serán los beneficiarios. Esperemos que este aumento se vea reflejado en mejoras de infraestructura y de servicio, y no solamente en la expansión de redes. Con este nuevo capital, sería bueno ver una mejor frecuencia, y dejar de viajar tan hacinados como lo hacemos hoy en día.

Foto (CC): Sebastián Dario en Flickr