Una manera distinta de recorrer el barrio de Barracas a través de su historia es conocer esos edificios que, aunque hoy transformados a las necesidades actuales de la Ciudad, siguen contando desde sus fachadas cómo supo ser la vida en este recodo del Riachuelo.

Ha sabido ser en épocas zona de curtiembres, en otras elegida por la aristocrática, luego arrabalera e inmigrante. Barracas guarda historias que hablan, también, de los vaivenes porteños a través de los siglos. Vale la pena redescubrir su costado fabril y ser parte de este nuevo giro en su fisonomía, aprendiendo a valorar los testimonios históricos.

Barracas es un barrio ubicado al sur de la capital porteña que por muchos años ha sido relegado al olvido, junto con la parte no turística de La Boca y Parque Patricios. Desde hace más de un lustro, cada vez está llamando más la atención de los capitalinos hasta el punto que ya casi no puede ignorarse.

Es que de la mano del boom de la construcción y la falta de espacios en las zonas más buscadas, el límite que separaba a Barracas del centro ha ido dejado de ser una barrera infranqueable. Si bien la elevada cantidad de edificios en torre que se están construyendo atentan de alguna manera al patrimonio arquitectónico del barrio, también la cada vez mayor cantidad de personas viviendo aquí hacen poner el foco sobre este lugar porteño.

Por si aún no estás al tanto, hace un año se abrió en Barracas el Centro Metropolitano de Diseño, un polo creativo que congrega a artistas de diferentes expresiones. En lo que fuera el antiguo Mercado del Pescado, en Algarrobo 1041 está este espacio abierto que ha recibido a Casa FOA y al Festival Internacional de Diseño en 2011 y que tiene tiendas donde visitar la obra de los artistas y comprar las que más gusten.

Otros grandes íconos fabriles del barrio están siendo transformados en módulos modernos para viviendas, como es el caso de lo que fuera la fábrica de Alpargatas en la Avenida Patricios y Canale, frente al Parque Lezama. Dos íconos fabriles de la época en que Barracas era un hervidero de industrias de toda clase.

La yerbatera Cruz de Malta en Martín García también corrió la misma suerte hace unos años, cuando una entidad bancaria internacional la transformó en oficinas ultra modernas que hasta han convertido su azotea en un techo verde. Antes, la antigua fábrica Bagley –donde se hacían las galletitas más ricas- pasó a ser un gran complejo de lofts.

Ver estas transformaciones es una manera entretenida de conocer la historia de la Ciudad y también de acompañar una nueva etapa en este entreñable barrio porteño.

Foto: Proteger Barracas