Volvemos con una nueva edición de Dónde Comer, una especie de gira gastronómica porteña donde un paladar un tanto inexperto trata de relatar las experiencias en los diferentes restaurantes (¿millones, quizás?) de la Ciudad. En esta oportunidad, nos metemos con uno de las zonas más "cotizadas" de los restós de Buenos Aires: Palermo. Y en particular, con una de sus parrillas más demandadas, la encantadora pero muchas veces decepcionante Las Cabras.

Hace algunos años, Las Cabras era un lugar donde se podía disfrutar de buena carne con un precio accesible. Hoy en día, la mayoría de las veces podemos encontrar que sigue siendo así, pero las cosas han cambiado. Primero, porque es la parrilla "de moda" de Palermo, gracias a sus precios (que con el correr del tiempo, por supuesto, han ido aumentando). Y segundo, por la abundancia de sus porciones. Pero no nos dejemos engañar: hinquemos los dientes en Las Cabras para averiguar de qué se trata.

La Ambientación

El look and feel de Las Cabras evoca, como no podía ser de otra manera, a toda la estética campestre de Buenos Aires y Argentina que nos vienen amamantando hace años, pero con una vuelta de tuerca que reside en los colores y la decoración. En el verano, la primera opción siempre será sentarnos afuera, con mesas de madera acomodadas sobre la vereda y en un pequeño patio.

Para los que se aburren de esperar, además de la entrada de pan de campo (generalmente está muy bueno) con manteca, también tienen un mantel de papel con un platito de crayones para hacer dibujos. Este es uno de los encantos más grandes de Las Cabras. Los que elijan sentarse adentro no estarán demasiado separados, gracias a los grandes ventanales del local, pero tendrán que acostumbrarse al humo que sale de las bandejas de metal de cada una de las parrilladas que se sirve. Y eso puede ser algo molesto.

La Cocina

Aunque nos topamos con algunas minutas, por supuesto que la especialidad de la casa son las carnes. Pero nada de carnes con salsas u otro invento descabellado: Las Cabras tiene asado, de todos los tamaños, colores y gustos. La recomendación es la parrillada, porque nos trae de todo un poco y es abundante. Y con este adjetivo, nos estamos quedando cortos: con una parrillada de dos personas pueden comer cuatro, y viene acompañada con una porción de papas fritas para alimentar a un regimiento.

Y para los fanáticos de los dulces, los postres también se las traen. El recomendado inevitable, hipercalórico y, simplemente, un festín de triglicéridos y colesterol (del malo, siempre es el del malo) es el brownie con helado. Pero el llamado apple crumble (un pastel de manzana con una base de galletitas pisadas) también es imperdible.

La Atención

Y... podría mejorar. Quizás tenga que ver con el hecho de que todas las noches tengan que soportar porteños hambrientos, o palermitanos de moda, o quizás esté relacionado con la popularidad que adquirió con el tiempo la parrilla, pero los camareros de Las Cabras parecen chupados por una dimensión desconocida en la que jamás existió tu pedido.

Una de cal y una de arena: la cantidad de gente que hay en el local los obliga a ser rápidos y efectivos, y no hay problema con pedirles cosas que faltan o que omitieron. Pueden ser olvidadizos, pero tienen la mejor onda. Atención, porque si estamos apurados, a veces es mejor acercarse a la caja antes de esperar a que nos traigan la cuenta (es más rápido).

Lo Mejor

Los precios. Hoy en día, las parrillas parecen ser víctimas de "los precios para turistas", asumiendo que cada uno de los porteños acaba de venir de cambiar dólares y está listo para despilfarrar. También se escudan detrás del aumento de la carne, pero muchas veces nos engañan con carne que supuestamente es de "exportación" pero que parece una suela de zapato. En Las Cabras, al contrario, vamos a encontrar buena carne (atención porque no se dijo buenísima) por un precio razonable: entre dos personas se pueden gastar 100 pesos si la elección es la parrillada.

Lo Peor

La espera. Las Cabras se ha vuelto tan popular en estos últimos tiempos, que un fin de semana a la noche podemos estar esperando hasta una hora para conseguir mesa. Sería mucho más, pero son varios los que abandonan y van a otros locales, abundantes en la zona. También a veces, nos encontramos con que la comida no está tan buena, y hasta parece recalentada. Pero es en la minoría de las ocasiones.

Horarios y Ubicación

Dirección: Fitz Roy 1795, esquina El Salvador

Horarios: martes a jueves, y domingos, de 12 a 1 de la madrugada, y viernes y sábados, de 12 del mediodía a 2 de la mañana

Teléfono: 5197-5301

Fotos: Fitzrovia y Ottomobil