El tema de los manteros en la peatonal Florida es un problema que viene desde hace un par de años y todavía no encuentra una solución. Aparte de tornar casi intransitable el trayecto donde están instalados, dificultando hasta arrojar un papel en un cesto, la flamante ley que prohibe su actividad complicó más las cosas, con batallas campales incluidas. Y, para colmo, el conflicto tiene muchas aristas.

Alguna vez fue la primera calle pavimentada de la Capital, hasta que se convirtió en uno de los centros comerciales al aire libre más importantes de Buenos Aires, por lo cual se la transformó en peatonal. Pero, en los últimos años, la venta callejera se incrementó tanto que prácticamente es imposible caminar. Además, quienes venden artículos de dudosa procedencia, compiten deslealmente con los negocios.

Es por eso, que el mes pasado se aprobó una ley que regula a los vendedores de la vía pública, ordenando reubicar a los artesanos en distintos puntos autorizados y prohibiendo el trabajo de los llamados manteros. Mientras que quienes venden artículos elaborados artesanalmente miran de reojo la mudanza, en el caso de los revendedores se llegó hasta incidentes con la Policía Metropolitana.

Lo que pasa es que, en este último caso, hay dos situaciones bien distintas: el que lo hace porque no le queda otra y el que forma parte de una mafia bien organizada. Es por eso que, esta misma mañana, se anunció desde el Gobierno porteño que no habrá ninguna negociación y que se continuará con los operativos para mantener libre Florida.

En cuanto a los vecinos, podemos tomar como ejemplo a quienes viven cerca del Parque Lezama, que aceptan a los artesanos pero no a los manteros. Incluso, llegan a hacer diferencias respecto de la nacionalidad, como Silvia Velarde en declaraciones a Radio 10: "No me parece mal que un argentino encuentre su lugar para instalarse con su arte, pero el caso de los manteros es diferente".

Por eso, es un entramado bastante complejo para resolver. Partiendo de la base de que todos debemos cumplir con la ley, hay que distinguir claramente las actividades permitidas de las prohibidas para luego determinar, en ese último sector, si alguien necesita ayuda del Estado para garantizarse la subsistencia. Así, de una buena vez, podemos volver a disfrutar de una zona emblemática, donde ahora llama más la atención el caos que genera una historia que parece interminable.

Fotos: Perfil | Captura TN