Después de muchas idas y vueltas, ayer se firmó el traspaso del subte porteño a la Ciudad de Buenos Aires, recuperando la propiedad de la red tras 18 años. Desde el primer momento, uno de los temas sobre los que más se discutió fueron las tarifas y los subsidios para mantenerlas. Y, aunque aún no hay pistas respecto de posibles aumentos, ya hay algo claro: se implementará un boleto social.

La letra chica del convenio que se firmó entre la Nación y la Capital, indica que cada uno se hará cargo de la mitad del subsidio para este año, que en total suma unos 720 millones de pesos. Como eso no entró en el presupuesto porteño y es necesario hacer obras urgentes, se está analizando subir el valor del pasaje, cuyo último aumento a $ 1,10 fue en enero de 2009.

El problema está en que, aunque la tarifa es más económica que en otras ciudades del mundo y algunos estudios dieron como resultado que el 89% de los pasajeros no necesitaría ser subsidiado, queda otro 11% a quien sí hace falta ayudar. Por eso, y con la idea de llevar algo de calma, el ministro de Hacienda Néstor Grindetti se encargó de aclarar que habrá una ayuda para quienes lo necesiten.

¿Cómo? A través de la tarjeta SUBE, que permite individualizar a cada persona y que los organismos públicos crucen datos para decidir a quién le corresponde ese beneficio y a quién no. De esta forma, si se hacen bien todos los análisis, habría una distribución mucho más justa del dinero que aporta el Estado (nacional y local) todos los meses.

Aunque siempre nos va a resultar antipático el hecho de tener que pagar más, lo cierto es que de una vez por todas, la plata que sobre se invertiría en mejoras de una red que trae muchos dolores de cabeza en hora pico, algo establecido claramente en el nuevo contrato. Si ocurre de esta manera, me parece que un incremento tendría sentido. ¿Y a ustedes?

Foto (CC): Gabriel Gama