Sagaz comediante, profundo crítico social. Mauricio Borensztein, más conocido por todos nosotros por su apodo y nombre artístico Tato Bores, falleció hace exactamente 16 años. El actor cómico de la Nación, otro de sus tantos motes, también era un porteño, y por eso lo recordamos hoy, en el aniversario de su muerte. Tato fue quien hizo reír a millones de argentinos con sus ocurrencias y monólogos, plasmados en teatro, televisión y radio, y quien aprendió a abordar la realidad argentina, aunque muchas veces trágicas, de una manera diferente y divertida.

Tato Bores nació el 27 de abril de 1927, en el seno de una familia judía humilde que vivía en el Centro porteño. Tato no estaba demasiado interesado en la escuela, y nunca se egresó de la secundaria, aunque desde una temprana edad comenzó a interesarse por las artes. Cuando tenía 15 años, comenzó su trabajo como plomo de una orquesta, cargando partituras e instrumentos. La música formaba una parte importante de su vida, e incluso llegó a aprender a tocar el clarinete. Fue la música, en realidad, la que lo terminó llevando a la comedia.

Durante la despedida de soltero de Santos Lipesker, un músico de la época, Tato contó algunos chistes, y tuvo la buena fortuna de tener como escuchas a Julio Porter y Pepe Iglesias, un importante cómico. Así fue como fue el coequiper de Iglesias en su programa de Radio Splendid, donde adquirió su famoso apodo. Adquirió aún más fama cuando fue seleccionado para ser El Niño Igor, un personaje que interpretó junto a Pepe Arias (el maestro ciruelo) en La Escuelita Humorística. La popularidad de Igor fue tal que tuvieron que eliminar al personaje y a su segmento del programa, porque los chicos comenzaban a imitarlo.

Bores también tuvo una prolífica carrera en el cine, que comenzó en 1947 con un pequeño papel en la película La Caraba. Después, en 1952 llegaría su gran éxito con Mala Gente, una comedia dramática en la que actuó junto a Hilda Bernard. Este fue uno de sus contados roles dramáticos: la gran mayoría de sus filmes son comedias, en las que compuso entrañables y divertidos personajes.

Pero seguramente por lo que más lo conocemos es por su tarea televisiva. Esta comenzó en 1957, cuando arrancó a participar del programa La familia GESA se divierte, en Canal 7. En Caras y Morisquetas, de ese mismo año, Bores llevó a la vida los controversiales libretos de Landrú, quien, exceptuando la temática prohibida del peronismo, tocaba casi todos los temas relevantes para los argentinos en ese momento. En 1960, recibió su propio programa en Canal 9, Tato, siempre en domingo, que simbolizó su consagración suprema. Bores siguó en televisión, y en 1978, comenzó con el programa Tato para todos, en el que llegó a entablar una conversación telefónica imaginaria con el entonces presidente de facto Jorge Rafael Videla. Por supuesto, este segmento fue más tarde censurado.

El reconocimiento de la Ciudad llegó en 1992, cuando fue nombrado Ciudadano Ilustre de Buenos Aires. Un año más tarde, Tato daría comienzo a lo que sería su último programa en la televisión: Good Show. Pero en 1996, terminó su lucha con el cáncer de huesos que padecía desde hacía años. Por eso, con este extenso “prontuario” de comedia, recordamos a Tato Bores, siempre con una frase en la cabeza: ¡good show!

Foto: Los Archivos de Arturo